lunes, 26 de enero de 2015

A punta de yogur y comidas rápidas, jóvenes de Puerto Bogotá, Guaduas generan empleo para sus coterráneos Por Carlos Zambrano

En el corregimiento de Puerto Bogotá, situado a orillas del río Magdalena y que hace parte del municipio de Guaduas (Cundinamarca), un grupo de jóvenes emprendedores creó la corporación Jóvenes Obrando para Crear (JOC), una iniciativa para generar empleo en la zona y evitar el desarraigo por falta de oportunidades. Con la producción y venta de yogur de la marca Delijoc, y con el restaurante de comidas rápidas Rapijoc, estos guadueños financian actividades productivas, deportivas y culturales en beneficio propio y del municipio.

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Puerto Bogotá es una zona de frontera entre Cundinamarca y Tolima, ubicada en el margen oriental del río Magdalena. La población se une con el municipio tolimense de Honda a través del puente Luis Ignacio Andrade, que durante décadas ha sido paso obligado de turistas y transportadores que viajan del interior a Antioquia y la Costa, y viceversa.
Pero su reconocimiento no alcanza la fama ni el presupuesto de sus vecinos de Honda. La carretera y los restaurantes alrededor del puente han sostenido a la población, pero se trata de un negocio moribundo.
En ese entorno, y preocupados por la falta de oportunidades para los jóvenes que se niegan a abandonar la región en busca de un mejor futuro, Jhon Javier Barragan, Christian Camilo Rojas, Juan David Guzman y  Wilde Muñoz, decidieron crear en julio de 2000 la Asociación de Jóvenes de Puerto Bogotá.
Se trata de una entidad sin ánimo de lucro que comenzó a trabajar en la inclusión de los jóvenes de la región en los procesos de desarrollo del municipio, a través de labores sociales. Su foco fue la organización de actividades deportivas y culturales, y jornadas de ayuda a las comunidades más vulnerables.
Para 2003, la asociación ya se había consolidado como un ente importante en la región. Sin embargo, ellos sentían que les faltaba apoyo y representación ante las autoridades locales. Por esto, decidieron incursionar en la política, para acceder a cargos de elección y representación popular.
Su apuesta resultó exitosa, pues James Beltrán, uno de los fundadores, obtuvo una curul en el Concejo Municipal de Guaduas. Con este paso, la asociación obtuvo apoyo y visibilidad desde el Gobierno, para fortalecer sus actividades.
Emprendimiento como motor de desarrollo
Convencidos de que el papel de los jóvenes en la asociación iba mucho más allá que la simple voluntad de ayudar, decidieron dar otro paso y formaron la corporación Jóvenes Obrando para Crear (JOC).
Con esta nueva figura, el emprendimiento cobró mayor auge, pues los jóvenes no solo se reúnen para trabajar por su pueblo, sino que también participan en un negocio que les permite mejorar sus ingresos y elevar su calidad de vida sin tener que salir de la región.
Con la ayuda del Sena, los jóvenes de la corporación se capacitaron en la producción de lácteos, lo que les permitió desarrollar un nuevo producto, Delijoc, una línea de yogur natural con variedad de sabores que ellos mismo fabrican, empacan y distribuyen.
Con el paso del tiempo, los que entraron a la corporación siendo niños, hoy en día se han convertido en adultos emprendedores que trabajan en sus propios productos y reciben sus ganancias. Además son un ejemplo para los más pequeños, quienes algún día sueñan con ser grandes empresarios en el corregimiento.
Creando valor social
Desde sus inicios, la corporación se propuso contribuir de forma positiva al desarrollo y crecimiento del municipio. Y para ello, algunos de los lácteos que producen son entregados a mujeres cabeza de hogar y a ancianos, para que los vendan y reciban un sustento diario que mejore sus condiciones de vida.
Además, los cerca de 100 jóvenes que actualmente trabajan en la corporación desarrollan diferentes propuestas de beneficio comunitario: animación de eventos, presentaciones teatrales con títeres, válidas de motociclismo, enseñanza gratuita de música a los niños.
Incluso, para fomentar el desarrollo cultural, la corporación organiza anualmente el evento ‘Los jóvenes se toman la noche’. En él, de 5:00 p.m. a 5:00 a.m., los participantes reciben charlas y talleres formativos, y asisten a la presentación de grupos de danza, teatro, y de artistas invitados. Es una fiesta de alegría en torno al progreso.
“Nuestra intención es trabajar por la comunidad. La corporación se creó con el fin de forjar el liderazgo y de entregar a los jóvenes del pueblo la oportunidad de progresar aquí, y de este modo permitir que la comunidad crezca a la par con ellos”, señala Christian Camilo Rojas Rondon, director del proyecto de yogur de JOC.
Sede propia, nuevos proyectos
Un aspecto limitante para la consolidación de la corporación fue la falta de sede propia. Durante varios años funcionaron en sedes arrendadas, lo cual no permitía su expansión, porque para crecer debían realizar mejoras locativas que no se podían hacer en virtud de los contratos. Esto implicó que la producción de yogur no podía sobrepasar los 300 litros semanales, pues no contaban con un cuarto frío de almacenamiento.
Hoy en día, gracias al aporte de la Gobernación de Cundinamarca y de Pacific Rubiales, la corporación Jóvenes Obrando para Crear funciona en una sede propia. Allí cuenta con un área de  producción y empaque de lácteos, un cuarto frío de almacenamiento y un área de atención al público, en la que se creó Rapijoc, un restaurante de comidas rápidas que les permite aumentar los ingresos y  generar más empleo.
Además, con el apoyo del Sena, que brinda capacitación de forma gratuita a los jóvenes de Puerto Bogotá, los afiliados a la corporación están contemplando la posibilidad de aprender panadería y también fabricación de implementos de aseo, productos que piensan comercializar en la región. Ellos saben que estar en la periferia de la ruta del Sol les abre nuevas oportunidades comerciales y desde ya se están preparando.
En Guaduas, así como ‘la Pola’ luchó por la conformación de un nuevo país, ahora sus coterráneos, a través de la corporación Jóvenes Obrando para Crear, luchan para cambiar su realidad y con ello el futuro de su región.
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Tomado de:
http://www.elespectador.com/tomalapalabra/pacific-rubiales/punta-de-yogur-y-comidas-rapidas-jovenes-de-267-articulo

sábado, 24 de enero de 2015

lunes, 12 de enero de 2015

'El capital en el siglo XX', según Bill Gates. El hombre más rico del mundo escribe una reseña del exitoso libro del economista Thomas Piketty.

Un tratado de 700 páginas sobre economía traducido del francés no es exactamente una lectura ligera –incluso para alguien con un alto cociente ‘geek’ reconocido–. Pero me sentí obligado a leer El capital en el siglo XXI de Thomas Piketty después de ver varias reseñas y de oír a amigos hablar de él.
Me alegro de haberlo hecho. Les animo a leerlo también, o al menos un buen resumen, como el de The Economist. Piketty fue bastante agradable y accedió a hablar conmigo sobre su trabajo en una llamada de Skype. Como le dije, estoy de acuerdo con sus conclusiones más importantes, y espero que su trabajo atraiga a más personas inteligentes al estudio de la riqueza y la desigualdad de ingresos –porque cuanto más entendamos acerca de las causas y soluciones, mejor–. También le dije que tengo preocupaciones sobre algunos elementos de su análisis, que comparto a continuación.
Estoy muy de acuerdo con Piketty en que:
– Los altos niveles de desigualdad son un problema –echando a perder los incentivos económicos, inclinando las democracias en favor de poderosos intereses y socavando el ideal de que todas las personas son creadas iguales.
– El capitalismo no se autocorrige hacia una mayor igualdad –esto es, el exceso de concentración de la riqueza puede tener un efecto de bola de nieve, si no se controla.
– Los gobiernos pueden jugar un papel constructivo compensando las tendencias de bola de nieve siempre y cuando decidan hacerlo.
Para ser claros, cuando digo que los altos niveles de desigualdad son un problema, no quiero dar a entender que el mundo está cada vez peor. De hecho, gracias al aumento de la clase media en países como China, México, Colombia, Brasil y Tailandia, el mundo en su conjunto se está haciendo más igualitario, y esa tendencia mundial positiva es probable que continúe.
Pero la desigualdad extrema no debe ser ignorada –o, peor aún, celebrada como una señal de que tenemos una economía de alto rendimiento y una sociedad próspera–. Sí, cierto nivel de desigualdad está integrado en el capitalismo. Como sostiene Piketty, es inherente al sistema. La pregunta es ¿qué nivel de desigualdad es aceptable? Y ¿cuándo empieza la desigualdad a hacer más daño que bien? Eso es algo sobre lo que deberíamos tener un debate público, y es genial que Piketty ayudara a avanzar en la discusión de una manera tan seria.
Sin embargo, el libro de Piketty tiene algunos defectos importantes que espero que él y otros economistas aborden en los próximos años.
Pese a todos los datos de Piketty sobre las tendencias históricas, no da una imagen completa sobre cómo se crea y cómo decae la riqueza. En el núcleo de su libro hay una simple ecuación: r>g, donde r representa la tasa media de rentabilidad sobre el capital y g, la tasa de crecimiento de la economía. La idea es que cuando los rendimientos del capital superan los del trabajo, con el tiempo la brecha de riqueza se amplía entre la gente que tiene mucho capital y la que confía en su trabajo. La ecuación es tan central para los argumentos de Piketty que él dice que representa “la fuerza fundamental de divergencia” y “resume la lógica global” de sus conclusiones.
Otros economistas han reunido grandes conjuntos de datos históricos y ponen en duda el valor de r>g para entender si la desigualdad se ampliará o se reducirá. No soy un experto en esa pregunta, pero sí sé es que el r>g de Piketty no diferencia adecuadamente entre los distintos tipos de capital con diferente utilidad social.
Imagine tres tipos de gente rica. Un hombre está poniendo su capital en la construcción de su negocio. Después, hay una mujer que está dando la mayor parte de su fortuna a la caridad. Una tercera persona está consumiendo, gastando mucho dinero en cosas como un yate y un avión. Si bien es cierto que la riqueza de las tres personas contribuye a la desigualdad, yo diría que los dos primeros están dando más valor a la sociedad que el tercero. Ojalá Piketty hubiera hecho esta distinción, ya que tiene importantes implicaciones de políticas, que abordaré más abajo.
Más importante, creo que el análisis r>g de Piketty no da cuenta de las poderosas fuerzas que contrarrestan la acumulación de la riqueza de una generación a la siguiente. Estoy totalmente de acuerdo en que no queremos vivir en una sociedad aristocrática en la que las familias ricas se hagan más ricas simplemente por sentarse en sus laureles, y recojo lo que Piketty llama “ingreso rentista” –es decir, los rendimientos que las personas ganan cuando dejan a otros usar su dinero, tierras u otras propiedades–. Pero no creo que EE. UU. esté cerca de eso.
Eche un vistazo a la lista Forbes 400 de los estadounidenses más ricos. Cerca de la mitad de la gente de la lista son emprendedores cuyas empresas lo hicieron muy bien (gracias al trabajo duro y mucha suerte). Contrario a la hipótesis rentista de Piketty, no veo a nadie en la lista cuyos antepasados compraron una gran extensión de tierra en 1780 y que han estado acumulando riqueza familiar con rentas desde entonces. En EE. UU., ese viejo dinero se fue tiempo atrás –a través de la inestabilidad, la inflación, los impuestos, la filantropía y el gasto.
Puede ver una dinámica de descomposición de la riqueza en la historia de las industrias exitosas. En la primera parte del siglo XX, Henry Ford y un pequeño número de emprendedores lo hicieron muy bien en la industria del automóvil. Eran dueños de una gran cantidad de las acciones de compañías automotrices que lograron ventajas con economías de escala y rentabilidad masiva. Esos empresarios exitosos fueron atípicos. Mucha más gente –incluyendo muchos rentistas que invirtieron su patrimonio familiar– vio quebrar sus inversiones en el período de 1910 a 1940, cuando la industria automotriz estadounidense se redujo de 224 fabricantes a 21. Así que en lugar de una transferencia de riqueza hacia los rentistas y otros inversionistas pasivos, a menudo se tiene lo opuesto. He visto el mismo fenómeno en funcionamiento en tecnología y otros campos.
Piketty tiene razón en que hay fuerzas que pueden conducir a una bola de nieve en la riqueza (incluyendo el hecho de que los hijos de los ricos consiguen a menudo acceso a las redes que pueden ayudarles con pasantías, trabajos, etc.). Sin embargo, también hay fuerzas que contribuyen al declive de la riqueza, y el capital no les da suficiente peso.
También estoy decepcionado de que Piketty se centrara en datos de riqueza e ingresos, descuidando el consumo por completo. Los datos de consumo representan los bienes y servicios que la gente compra –incluyendo alimentación, vestido, vivienda, educación y salud–, y pueden añadir mucha profundidad a nuestra comprensión de cómo viven las personas. Sobre todo, en las sociedades ricas, el cristal de los ingresos realmente no deja ver lo que necesita ser reparado.
Hay muchas razones por las cuales los datos de ingresos, en particular, pueden ser engañosos. Por ejemplo, una estudiante de medicina sin ingresos y con un montón de préstamos estudiantiles podría aparecer en las estadísticas oficiales como si estuviera en una situación desesperada, pero bien puede tener un nivel muy alto de ingresos en el futuro. O un ejemplo más extremo: algunas personas muy ricas que no están trabajando activamente aparecen bajo el umbral de la pobreza en los años en que no venden ninguna acción o no reciben otras formas de ingreso.
No es que debamos ignorar los datos de riqueza e ingresos. Pero los datos de consumo pueden ser aún más importantes para comprender el bienestar humano. Como mínimo, muestran una imagen diferente –y generalmente más color de rosa– de la que Piketty pinta. Me gustaría ver estudios que analicen a la vez datos de riqueza, ingresos y consumo.
Incluso si no tenemos una fotografía perfecta hoy, podemos saber bastante de los desafíos sobre los que podemos tomar acción.
Soluciones alternativas
La solución favorita de Piketty es un impuesto anual progresivo sobre el capital, en lugar de sobre los ingresos. Él argumenta que este tipo de impuesto “hará posible evitar una espiral de desigualdad sin fin mientras preserva la competencia y los incentivos para los nuevos casos de acumulación primitiva”.
Estoy de acuerdo en que la fiscalidad debería alejarse de gravar el trabajo. No tiene ningún sentido que el trabajo en Estados Unidos sea tan fuertemente gravado en relación con el capital. Tendrá aún menos sentido en los próximos años, ya que los robots y otras formas de automatización vendrán a desempeñar más y más de las habilidades que los trabajadores humanos tienen hoy.
Pero más que mudarse a un impuesto progresivo sobre el capital, como Piketty quisiera, creo que estaríamos mejor con un impuesto progresivo sobre el consumo. Piense en las tres personas ricas que he descrito antes: una invirtiendo en empresas, una en filantropía y otra en un generoso estilo de vida. No hay nada malo con el último, pero creo que él debería pagar más impuestos que los otros. Como Piketty señaló cuando hablamos, es difícil medir el consumo (por ejemplo, ¿deben contar las donaciones políticas?). Pero entonces, casi todos los sistemas impositivos –incluyendo el impuesto a la riqueza– tienen retos similares.
Como Piketty, también soy un gran creyente en el impuesto de sucesiones. Dejar a los herederos consumir o repartir el capital de forma desproporcionada, simplemente basado en la lotería del nacimiento, no es una forma inteligente o justa para asignar recursos. Como a Warren Buffett le gusta decir, es como “elegir al equipo olímpico del 2020 con los hijos mayores de los ganadores de medallas de oro en las olimpiadas del 2000”. Creo que debemos mantener el impuesto de sucesiones e invertir las ganancias en educación e investigación –la mejor forma de fortalecer nuestro país para el futuro.
La filantropía también puede ser una parte importante del conjunto de soluciones. Es una lástima que Piketty dedique tan poco espacio a ella. Hace 125 años, Andrew Carnegie era una voz solitaria animando a sus compañeros ricos a devolver una parte sustancial de su riqueza. Hoy, un número creciente de personas muy ricas se están comprometiendo a hacer precisamente eso. La filantropía bien hecha no solo produce beneficios directos para la sociedad, sino que también reduce la riqueza dinástica. Melinda y yo somos fuertes creyentes de que esa riqueza es mala tanto para la sociedad como para los descendientes involucrados. Queremos que nuestros hijos encuentren su propio camino en el mundo. Tendrán todo tipo de ventajas, pero crear sus vidas y carreras dependerá de ellos.
El debate sobre la riqueza y la desigualdad ha generado un gran acaloramiento partidista. Yo no tengo una solución mágica. Pero sí sé que, aun con sus defectos, el trabajo de Piketty contribuye al menos con tanta luz como calor. Y ahora estoy ansioso por ver investigación que aporte más luz a este importante tema.
BILL GATES*
* Este artículo apareció originalmente en el blog de Bill Gates,www.gatesnotes.com.

domingo, 16 de noviembre de 2014

"Asegúrate" de Juan Camilo Luna Donato

Destrúyeme, rompe todo lo que tengo, 
inhibe mi capacidad de amar, de pensar,
 de poder sentir... 
hazme libre en la miseria, 
no tengas compasión,
 asegúrate de que no quede aliento dentro de mi,
 de que en mis venas no haya sangre que pueda correr,
 ni sentimiento alguno que pueda palpar, ni que pueda sentir.

No permitas que nada escape,
 que todo mi ser se desvanezca en la oscuridad,
 que arda hasta el ultimo recuerdo bueno o malo que haya dentro de mi, 
que no tenga motivos ni razones para luchar por nada ni por nadie,
 asegúrate de que no quede ni rastro de mi...
prepara un hueco para mí ser, 
una vez que me haya ido no habrá tiempo para regresar...

... Antes era yo, pero él se ha ido...
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Noviembre 15 de 2014

Corregimiento de Puerto Bogotá. Guaduas. Cundinamarca

martes, 1 de julio de 2014

¿Estudiantes mediocres? Por: Horacio Gómez Aristizábal

Sin duda alguna, los padres son por fuerza de los circunstancias los primeros educadores de sus vástagos. Esta influencia es la más duradera y profunda en la vida de la persona humana. Pero los progenitores no disponen ni del tiempo, ni de los conocimientos, ni de los medios necesarios para darle al joven la exigente formación que reclama la compleja sociedad moderna. En el docente recae una gran responsabilidad, al tener que afrontar el compromiso de capacitar a las generaciones que regirán a la comunidad en el futuro.
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Muchos factores influyen en el malestar reinante en el espíritu de buena parte de la población estudiantil. Se trata del bajo nivel de numerosos educadores y de la inhabilidad para transmitir los conocimientos. Ellos leen o memorizan el texto que declama y el alumno es un simple 'escuchante'. El verdadero educador es el que despierta inquietud y desasosiego en el estudiante. Entre profesor y alumno debe existir cierto magnetismo. De lo contrario es arar en el desierto.
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También incide en el desánimo estudiantil y en la mediocridad escolar, la pasividad y pobreza mental en las aulas. Al maestro poco o nada le interesa si el alumno comprende o asimila. No son muchos los trabajos activos y dinámicos. La poca enseñanza que se transmite es 'memorística'. No se motiva la inteligencia.
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Los programas son recargados y esto confunde al adolescente. Algunas materias involucran superabundancia de temas, muchos de los cuales son inútiles. El cúmulo de asuntos distrae la atención y es poco lo que se retiene o digiere.
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Lamentable el poco estímulo al docente. Sobre todo en la provincia. No existen planes de vivienda, becas para los hijos de los maestros, clubes, bonificaciones. De ahí la falta de mística, de fervor y de entusiasmo.
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Con frecuencia la docencia es un medio para buscar otro empleo mejor. Del aula se salta al comercio, a la política, a la actividad inmobiliaria, a lo que sea, con tal de que se vea la posibilidad de mejorar la posición personal en todos los aspectos. Esto es muy grave, pues la educación depende directamente de los catedráticos. Con profesores de tercera tendremos egresados de quinta. El futuro de un país está en la adolescencia y en la juventud. Dadme un estudiante con sólida formación moral y una magnífica capacitación y tendremos una nación próspera y poderosa.
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Tomado de:
http://www.mineducacion.gov.co/observatorio/1722/article-294041.html

lunes, 2 de junio de 2014

"La historia de Colombia no es la de Cuba": Charles Bergquist Por Lina Britto Cambridge / Especial para El Espectador

El historiador norteamericano, autor de textos clásicos sobre economía cafetera y violencia política en Colombia, habló con El Espectador sobre el país dentro del contexto latinoamericano y las debilidades históricas y posibilidades a futuro de la izquierda desarmada.
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“A cazar hormigas”, fue lo que el historiador Charles Bergquist me respondió cuando le pregunté hace años por qué vino a Colombia la primera vez. Era mediados de los sesenta, cuenta él, cuando se instaló en el municipio de Vergara (Cundinamarca) como un miembro más de los Cuerpos de Paz, programa lanzado por el gobierno de John F. Kennedy para robarle protagonismo a la Revolución cubana entre las juventudes norteamericanas. Junto a otro compañero y a la comunidad, Bergquist se embarcó en la tarea de controlar la plaga de hormigas en la región, además de otras labores agrícolas.
Aunque cincuenta años después recuerda esos tiempos como una ironía de la vida, basta leerlo cuidadosamente para darse cuenta de que “cazar hormigas” es precisamente lo que ha venido haciendo desde entonces. Con altas dosis de paciencia, recursividad y creatividad, su obra remueve el fondo de los archivos para sacar a la luz los personajes y las coyunturas que construyeron los cimientos del país actual.
Sus libros y ensayos nos hablan de la República Cafetera, una nación atravesada por cambios profundos sucedidos a velocidades luz, desgarrada entre un conservadurismo ultramontano y un liberalismo insurreccional que ninguno de los ciclos de violencia desatados por la confrontación entre ambos sectores logró sanar.
Desde esta perspectiva de largo alcance, Charles Bergquist habló para El Espectador sobre el país de hoy en perspectiva latinoamericana, los retos históricos que enfrenta Colombia a comienzos del siglo XXI, cuando, al igual que hace un poco más de 100 años, se abre una encrucijada en la que nos jugaremos el futuro de la nación y su papel en el mundo.
Los dirigentes en Colombia tienen un gran afán por integrar al país a los mercados internacionales, por promover tratados de libre comercio sin mayor reflexión sobre las consecuencias. ¿Cree usted que esta tendencia tiene sus raíces en el despertar de la economía cafetera?
Sí, pero incluso desde antes. Lo que ahora entendemos del siglo XIX y todas sus guerras es que las clases dirigentes estaban tratando de reformar Colombia en un país liberal. Pero eso pasó en toda América Latina en el siglo XIX. Lo particular de Colombia es que el liberalismo no logró constituir hegemonía, por eso mientras esas guerras terminaron en los otros países, en Colombia continuaron hasta la Guerra de los Mil Días (1899-1902), la cual tampoco decidió nada, porque la visión liberal solo se aceptó después de 1910. Yo creo que es a raíz de esa lucha por el liberalismo desde el siglo XIX que Colombia tiene una característica que la distingue de sus vecinos: la fortaleza de los dos partidos y su apoyo popular. Es por medio de las guerras y de armar a los dos bandos desde sus bases populares que el sistema político bipartidista echa raíces y perdura a lo largo del siglo XX para deshacerse solo a comienzos del siglo XXI.
¿Entonces podríamos decir que es a partir del conflicto y la violencia que se han construido instituciones políticas en Colombia, que se han construido partidos?
Así es. Pero también es lo que ha impedido que terceros partidos tengan suerte. Colombia, que era un país cafetero de pequeños y medianos productores, no tenía una economía que giraba alrededor de un producto específico dominado por el capital extranjero y fabricado por mano de obra proletarizada, como es el caso de Venezuela con el petróleo, de Chile con el salitre y el cobre y de Cuba con el azúcar. En Colombia la clase dirigente y capitalista en el sector de exportación era nacional, mientras que la clase trabajadora estaba conformada por pequeños productores no proletarizados. Los partidos de izquierda en Colombia no prosperaban, los comunistas de los años treinta y el UNIR de Gaitán, por ejemplo, no pudieron, tuvieron que aliarse con el Partido Liberal. Por esa debilidad de los partidos de izquierda es que en Colombia no han aparecido tantos regímenes militares dictatoriales como en Chile, Venezuela o Cuba.
Pero más allá de las causas estructurales de la debilidad de la izquierda democrática, ¿qué pasa con otros factores como las relaciones sociales y los códigos culturales?
Lo que pasa es que la debilidad de la izquierda también nace de su incapacidad para confrontar e interactuar con el pequeño productor. Una meta universal de cualquier trabajador, sea de cuello blanco o agrícola, es controlar su trabajo. Esa era la lucha de los pequeños productores cafeteros, la cual tenía su aspecto negativo en la competencia individual y familiar y en la dependencia de los partidos tradicionales, lo cual explica en parte La Violencia. El problema es que la izquierda colombiana ha querido ver La Violencia como una revolución social abortada, cuando la realidad es otra, fue una contienda tradicional entre partidos que se terminó cuando los partidos decidieron compartir el poder (Frente Nacional). Y es ahí, en la segunda mitad del siglo XX, cuando el panorama cambia radicalmente a raíz de una decisión históricamente errada por parte de la izquierda de lanzarse a la insurrección.
¿Por qué “históricamente errada”?
Dada la estructura de la economía colombiana que acabo de describir, la insurrección de las guerrillas no tuvo éxito en la construcción de un movimiento de masas y recurrió al secuestro, a la extorsión y a otras tácticas que terminaron alienándolas, aislándolas, hasta que la opinión pública las comenzó a ver con repugnancia. Cuando los paramilitares llegan a la escena, la opinión pública no se escandaliza, casi que hay un apoyo implícito a los sectores reaccionarios dentro del Estado. Esa violencia de los últimos 50 años, combinada con la plata del narcotráfico, ha producido una contrarreforma agraria que, sumada a las reformas neoliberales, ha llevado a una crisis no solo de la economía cafetera, sino del campo en general, como lo ponen de manifiesto los paros y las movilizaciones actuales.
Y dentro de ese nuevo contexto de fracaso de las guerrillas, narcotráfico y reformas neoliberales, ¿qué posibilidades ve a futuro?
La economía colombiana de principios del siglo XXI se parece mucho más a las economías históricas de Chile, Venezuela o Cuba, para seguir con los mismos ejemplos. Hay mucha más proletarización, más concentración de la tierra, el país se está volviendo minero, mientras la agricultura está en crisis. Todos esos factores crean oportunidades para el fortalecimiento de la izquierda democrática desarmada. La gran traba es la guerrilla misma, que por lanzarse a la insurrección acabó con la izquierda pacífica. Por eso creo que el proceso de paz es fundamental.
Pero de los diálogos de La Habana el tema de las garantías a los desmovilizados para su participación en política sigue siendo el que más polariza al país. ¿Qué opina del argumento esgrimido por la izquierda respecto al asesinato sistemático de sus líderes electorales?
Creo que en un principio va a ser muy difícil garantizar la vida de los guerrilleros desmovilizados y creo que es una preocupación real que debe abordarse. Pero las Farc también tienen que reconocer su responsabilidad, por lanzarse a una revolución que no tenía futuro, que era producto de un malentendido de las posibilidades históricas de una insurrección popular. La historia de Colombia no es la de Cuba y tratar de replicar una guerra popular antiimperialista y anticapital extranjero era desconocer la propia historia. Esa idea de que en Colombia los grandes reformadores siempre han sido asesinados por la oligarquía tampoco concuerda con la realidad histórica. Uribe Uribe, por ejemplo, no fue un gran reformador, fue un liberal, lo que él buscaba era un rol más grande para el Estado, no el socialismo, y como liberal fue asesinado, no por ser socialista. Gaitán es otro ejemplo.
¿Y dónde deja a Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro?
Esa es otra época. Para entonces todo se había complicado por la insurgencia y la línea comunista de las Farc de combinar todas las formas de lucha, es decir, política electoral con violencia.
¿Entonces dónde ve usted el futuro de la izquierda democrática? Con ese repudio hacia las Farc tan generalizado es difícil imaginar posibilidades electorales para ellos una vez se hayan desmovilizado.
Basta mirar la historia de los países vecinos. Una vez terminada la insurgencia, tarde o temprano la gente se percata de las condiciones estructurales del país después de décadas de reformas neoliberales, del desastre que éstas han sido para la economía colombiana, el desempleo y la crisis agraria. Creo que las movilizaciones actuales están sentando las bases para el futuro, no sé si para un nuevo partido o para que ciertos sectores de los partidos ya existentes cambien de rumbo. Yo estoy muy optimista, porque Colombia ahora se parece más a sus vecinos que lo que se parecía durante la primera mitad del siglo XX.
*Doctora en historia de New York
University, enseña e investiga en el Weatherhead Center for International Affairs de la Universidad de Harvard.
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.Tomado de: http://www.elespectador.com/noticias/politica/historia-de-colombia-no-de-cuba-charles-bergquist-articulo-495950