miércoles, 17 de marzo de 2021
El dictador Por: Cristina de la Torre EL ESPECTADOR
lunes, 15 de marzo de 2021
Cómo hace 1.700 años nacieron los domingos como los conocemos Redacción BBC News Mundo
Fue el emperador Constantino el Grande quien dio el primer paso oficial para que los domingos se convirtieran en lo que son.
Hace 1.700 los domingos empezaron a ser lo que hoy son en la mayoría de los países del mundo: un día de descanso.
Ese es uno de esos datos que, si te dejas llevar por la curiosidad, te conducen a enterarte de muchas otras cuestiones interesantes.
Empecemos siendo exactos: todo empezó el 7 de marzo de 321, es decir, hace un milenio, siete siglos y una semana.
Una semana que ya para ese entonces se componía de siete días. ¿Por qué precisamente siete, no seis, ocho o incluso 10, como las de los antiguos egipcios o las del calendario republicano francés que se empleó entre 1792 y 1806?
Pues, aunque es una constante en casi todas las culturas, no hay ninguna razón buena que lo justifique; de hecho, varios pensadores a lo largo de la historia han desafiado esa convención con argumentos filosóficos, matemáticos y políticos, pero la semana de siete días persiste.
Se piensa que fue concebida hace 4.000 años, cuando los mesopotamios resolvieron el problema de dividir el mes en períodos más cortos.
Su duración estaba ligada a la rotación de la Luna alrededor de la Tierra, 29,5 días, así que sencillamente redondearon ese número a 28 y lo dividieron en cuatro períodos de siete días.
Con eso establecieron un ritmo matemático artificial que hacía más manejable la organización de la vida cotidiana: si necesitabas, por ejemplo, que los vendedores acudieran al mercado ocho veces al mes, podías fijar días precisos que se repetirían independientemente de las imprecisiones de la naturaleza.
La idea se extendió particularmente después de que la cultura babilónica se convirtió en la dominante alrededor del siglo VI a.C.
¿Por qué el martes después del lunes?
Siglos después, los romanos nombraron los días en honor a sus dioses y los organizaron de acuerdo con un elaborado sistema de horas planetarias según el cual cada hora del día estaba gobernada por una deidad.
La que gobernaba la primera hora de un día le daba su nombre. Suena enredado pero el resultado te será sumamente familiar:
- Dies Solaris / día del Sol;
- Dies lunae / día de la Luna;
- Dies Martis / día de Marte;
- Dies Mercurii / día de Mercurio;
- Dies Jovis / día de Júpiter;
- Dies Veneris / día de Venus;
- Dies Saturni / día de Saturno.
- .Los dioses de los siete días de la semana, mosaico en la Casa del Planetario, 117-138, Itálica, Santiponce, Andalucía, España. Civilización romana, siglo II.
En la mayoría de los idiomas basados en el latín, los nombres de los días de la semana aún revelan esta conexión con los planetas clásicos: lunes, martes, miércoles, jueves, viernes... ¿sábado y domingo? No.
Aunque "sábado" empieza como Saturno, viene de la palabra hebrea sabbat o reposo.
"Domingo" también tiene raíces religiosas, sólo que con un culto relativamente más reciente.
Un descanso
Además de la semana con todos sus días nombrados y organizados, el brillante concepto del "día de descanso" también había existido durante milenios, y los primeros en adoptar la estructura de la semana de siete días con uno de descanso probablemente fueron los judíos.
Sólo que ese día era el sábado.
Pero ese 7 de marzo de 321, el emperador romano Constantino el Grande emitió un edicto declarando que el domingo tenía que ser el día de descanso:
En el venerable día del Sol que lo magistrados y las personas que residan en las ciudades descansen, y que todos los talleres cierren.
En el campo, sin embargo, que la gente que se ocupa de la agricultura pueda libre y legalmente continuar con sus tareas porque a menudo sucede que otro día no es adecuado para la siembra del grano o la plantación de viñas; no sea que por descuidar el momento propicio para tales operaciones la liberalidad del cielo se pierda.
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Sol Invictus ("Sol no conquistado") era el dios sol oficial de Imperio Romano tardío y patrón de los soldados. El 25 de diciembre de 274 d.C., el emperador romano Aureliano la convirtió en religión oficial junto con los cultos romanos tradicionales..Como todos los políticos exitosos, Constantino era un maestro de la ambigüedad, y su edicto mantenía un delicado equilibrio entre los princípios religiosos y el pragmatismo económico.
Si bien hoy se le recuerda como el primer emperador cristiano, estaba también asociado con el culto del Sol Invicto, que aparecía hasta en sus monedas.
Elegir el domingo como día de descanso tenía mucho sentido políticamente.
Aunque nominalmente era un día de trabajo, ya había cristianos en todo el imperio que dedicaban el domingo al culto religioso, aunque los que vivían en Roma o Alejandría tendían a preferir el sábado, el sabbat judío.
Más importante aún era que la mayoría de no cristianos consideraban el domingo como un día especial pues era usualmente el día de pago.
Y quizás también crucial era que se trataba del día especial del Sol Invicto, un culto oficial en el Imperio desde 274 que era particularmente atractivo para las clases altas senatoriales.
De hecho, Constantino mismo, aunque promovió activamente la Iglesia cristiana, durante toda su vida reconoció a Sol Invictus como un dios.
Sólo fue bautizado en la fe cristiana en su lecho de muerte y hasta el día de hoy continúa el debate sobre si fue un verdadero converso o se aprovechó de la Iglesia como una fuerza unificadora.
No todos los cristianos recibieron con beneplácito el edicto de Constantino y siglos después todavía había grupos que preferían el sábado.
Tanto así que en el Sínodo de Laodicea, que tuvo lugar alrededor de 363-364 d.C., incluye un canon —el 29— que declara que "los cristianos no debían judaizarse descansando en el sábado, sino trabajar en ese día, en lugar de honrarlo como día del Señor; y, si pueden entonces, descansar como cristianos".
Aquellos que afirmaran seguir a Cristo y no obedecieran serían considerados "anatema", es decir, que serían maldecidos, excluidos y rechazados como miembros de la comunidad.
Con el cambio de celebración de sábado a domingo se adoptó un nuevo término, "el día del Señor" o Dies Dominicus, de ahí la palabra "domingo".
Tomado de;
Cómo hace 1.700 años nacieron los domingos como los conocemos - BBC News Mundo
lunes, 8 de marzo de 2021
sábado, 27 de febrero de 2021
martes, 12 de enero de 2021
Con procesos perversos / LA DICTADURA DEL MIEDO, por Roberto Briceño-León
Ilustración tomada de; Como no tener miedo al miedo (martinarevalocoach.com)
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Para que el miedo pueda cumplir su función social es necesario fragilizar a las personas, hacerlas vulnerables y dependientes.
Las paredes tienen oídos, me advertían en mi casa. En mi mente de niño, me daba por fantasear cómo podían ser los oídos de una pared. No entendía bien lo que pasaba, sólo sabía que no debía hablar mucho, ni menos repetir lo que escuchaba en las conversaciones de la mesa o en las reuniones que mi padre tenía en nuestra sala.
El cuido se incrementaba cuando viajábamos por los pueblos andinos, y había entonces encuentros en las farmacias, o incluso en Colombia, donde alguna vez fuimos a visitar al primo don Mario, quien estaba exilado. Otras veces me permitían saludar y luego me cerraban la puerta. Y mi madre me explicaba de nuevo la historia de las paredes con oídos.
Eran los tiempos de Pérez Jiménez y mi padre actuaba como correo del partido. Su trabajo de visitador médico le permitía desplazarse por la carretera trasandina sin despertar sospechas. Aunque había participado desde la fundación de Acción Democrática, no era un líder ni nada por el estilo. Era uno más que apoyaba la causa de la libertad. Pero el miedo estaba presente por doquier, pues esa es la naturaleza de las dictaduras.
Los años han pasado y las dictaduras han perfeccionado sus técnicas y afilado sus armas. Se han vuelto más crueles y más sutiles, pero siguen sustentando su poder en el miedo que logran provocar en los ciudadanos (Linz, 1975). En todos, en sus enemigos por supuesto, pero también en los indiferentes y en su propios amigos, pues quieren ahuyentarles las dudas y las malas ideas, y que un día se puedan convertir en enemigos.
Para que el miedo pueda cumplir su función social es necesario fragilizar a las personas, hacerlas vulnerables y dependientes. Es necesario infantilizarlas, pues de ese modo se les devuelve a una fase primera de la vida, cuando todos necesitaban un protector, un padre o una madre que les alimentara y defendiera de los enemigos externos que podían atentar contra sus vidas. Un adulto fuerte y sano, con capacidad para garantizarse su sustento con su trabajo y consciente de unas leyes que le otorgan derechos, no es fácilmente víctima del miedo. Es un rebelde potencial, es un ciudadano libre. Por eso, para las dictaduras es vital quitarle las fuentes que le dan sustento a su autonomía.
El proceso de infantilizar a una población, para someterla, se funda en acciones que inducen miedos específicos. Pero su verdadero propósito es construir miedos difusos. Las coacciones específicas tienen un propósito general: construir lo que Martha Nussbaum (2018) llama la monarquía del miedo. Un gobierno que puede apelar a los temores más profundos y básicos de las personas para doblegarlas ejerce una dominación sin reconocimiento ni legitimidad.
Esta caracterización del miedo va más allá de la acción policial. No está restringida a las faenas de represión que ejercen los organismos de seguridad contra los opositores políticos, tal como ocurrió en décadas pasadas durante las dictaduras militares del Cono Sur. Ese factor es importante, sin duda, pero no es único. La violencia policial introduce un miedo específico y nada despreciable, pues es la amenaza a la integridad física, a la vida. Pero la dictadura requiere que el miedo sea general y difuso. Por eso la tarea de infantilizar y llevar a la población al estado de vulnerabilidad requiere otros afanes y dimensiones.
La alimentación es fundamental para que exista seguridad en el funcionamiento de las sociedades. El acceso a los alimentos es una tarea prioritaria para todas las poblaciones vivas, humanas y animales. La búsqueda de fuentes de alimentación constituye el esfuerzo central de las sociedades, y la antropología ha mostrado cómo la competencia por las proteínas ha sido y es fuente de conflictos entre las poblaciones (Harris, 1984). También ha sido esencial el acceso al agua, por eso las urbes se asentaron a la vera de los ríos y, cuando escaseaba el líquido, desarrollaron grandes obras de ingeniería para el traslado de agua desde lugares distantes: acueductos de los romanos o de los incas. La gente ha intentado siempre garantizar un acceso seguro al agua (Swain, 2015). Su importancia es tal que en las guerras, cuando se quería debilitar al enemigo, se le cortaba el acceso al agua o se contaminaban sus fuentes. Se han desatado verdaderas guerras por el agua (Del Giacco y otros, 2017). Del mismo modo, se les vetaba el acceso a la leña, con la cual pudieran cocinar, o a la sal, con la cual podían conservar los alimentos antes de la aparición de los refrigeradores.
Para que la dictadura del miedo se imponga es necesario que todas esas dimensiones de la vida sean fragilizadas y que su protección o provisión se vuelva dependiente de ‘otro’. Si la gente tiene un trabajo que le permite alimentarse, y conseguir agua, leña y sal, ¿para qué necesitaría del ‘otro’?
El proceso social de Venezuela en este siglo ha sido una pérdida continua de esas fortalezas y una utilización de amenazas específicas para fundar un miedo general. La ausencia de alimentos, las fallas en los servicios públicos de agua y electricidad, o de internet, así como la destrucción del empleo privado o del trabajo por cuenta propia, forman parte de esta dinámica del miedo.
Si en los estantes de las tiendas, abastos y supermercados escasea la comida, o si los productos que se consiguen no pueden ser adquiridos con el sueldo que se gana, las familias se sienten extremadamente vulnerables. “¿Qué vamos a comer mañana?”, se preguntan con angustia. Si pasan las semanas y no logran comprar las bombonas del gas doméstico, se miran y dicen: “¿cómo vamos a cocinar?”, “¿y cuándo llegara el agua?” y “¿será que nos van a cortar la luz?…”
Cuando las personas en el exterior ven en las noticias esas situaciones cotidianas que se padecen en Venezuela se preguntan ¿por qué no se rebelan? Pues porque se sienten frágiles y para protestar hay que tener fortaleza. No tienen fuerza ni tiempo para algo más. Están desasistidos, infantilizados y requieren de un padre protector que les alivie sus carencias y les ofrezca consuelo a sus temores. Y entonces aparece la caja CLAP y el bono tal o cual. ¿Son tontos? ¡No! Simplemente tienen su vida en un hilo. Están bajo la amenaza del hambre, la sed, la oscuridad. Tienen miedo de todo.
Durante la primera década del siglo la delincuencia y la violencia crecieron ante la mirada indiferente del gobierno. Fueron los años con más riqueza recibida y distribuida, y más homicidios (Briceño-León, 2017). La población tenía miedo. En la segunda década del siglo, el gobierno se dispuso a perseguir y ‘dar de baja’ a los presuntos delincuentes. Los elimina en sus casas, sin juicio ni mesura porque dicen que se resisten a la autoridad. La población siguió con miedo. Miedo a los delincuentes y miedo a los policías y militares.
Pero era necesario convertirlo en un miedo más general. Entre los años 2016 y 2020 cayeron muertos a manos de la policía 27.856 venezolanos, quienes supuestamente se resistieron a la autoridad. Quince personas cada día. Lo singular, es que en esos años las muertes por la policía crecieron, mientras que las cometidas por los delincuentes disminuían. En el año 2016, por cada cien personas asesinadas por los delincuentes, fallecieron 28 a manos de la policía; en el año 2020 la relación fue de 101, es decir, la policía mató más personas que los delincuentes. Eso no tiene una explicación racional como política de seguridad ciudadana, Su propósito es otro, es intimidar y paralizar a la población. Y ha funcionado, las personas tienen miedo de la acción azarosa y cruel de los encapuchados, quienes llegan vestidos de negro y con el símbolo de la calavera en su pechera e identificaciones. “¡Llegó la muerte!”, alardean ellos al entrar en los barrios.
La dictadura del miedo se construye mediante procesos perversos de desatención y falta de cuido. Una fuente muy importante de autonomía de los individuos es su empleo. Quienes hemos estudiado el desempleo sabemos la tragedia personal que significa para las familias y las comunidades la pérdida individual o colectiva de los empleos, y la inmensa desnudez social que provoca en las personas. Lo dramático en Venezuela es que ese mismo efecto lo están viviendo quienes están empleados. ¿Qué puede comprar un trabajador con un sueldo mínimo o con dos o cuatro sueldos mínimos? El empleo perdió su función social en Venezuela. Quien no tiene empleo siente miedo, pero el gobierno sale en su ayuda y ofrece unos bonos. Ahora bien, los bonos no son seguros, nada es seguro, todo es arbitrario y confuso, incierto. Las ayudas dependen de ‘otros’; además, hay que llenar una encuesta que aparece al abrir la página del ‘sistema patria’, para acceder al regalo, y cuidado con lo que contestas…
Algunos colegas y políticos opinan que la entrega de la caja CLAP a las familias mantiene sometida a la población. Yo no creo que sea así. La caja CLAP en sí misma no somete. Lo que somete es el miedo a no tenerla. Es la vulnerabilidad que sienten las personas que perdieron sus fuentes de autonomía, por una política deliberada y destructiva de sometimiento. Si una persona es autónoma, tiene empleo e ingresos que le permiten comprar sus alimentos, ¿por qué lo va a someter una caja de regalo? Esa persona la acepta y continúa su camino. Somete en cambio a quienes tienen miedo de perderla; pues, en su desnudez social, es lo único que les queda.
La dictadura del miedo se funda en el desamparo que provoca la inseguridad personal y la indefensión que ocasiona la carencia de alimentos, agua, luz, gasolina… Luego surgen los planes pomposos para liberar al pueblo de los delincuentes que la dictadura ha dejado prosperar, y también los de la alimentación soberana que antes le había quitado. Cuando la seguridad y la vida dependen de otros, como le ocurre al niño, el miedo se resume en perder los favores del dominador.
La democracia es algo diferente: es cooperación y reciprocidad. Es la libertad que se construye con la confianza en sí mismo y en el otro. Es la vida social regida por reglas predecibles y no por la incertidumbre. Es la autonomía de las personas, las familias y las colectividades, quienes ahuyentan los miedos sociales con su esfuerzo, con el apoyo mutuo y la colaboración de los otros.
Referencias
• Briceño-León, R. (2017). ¿Qué enseña el fracaso en la reducción de homicidios en Venezuela? Revista CIDOB d’Afers Internationals, 116:53-76.
• Del Giacco, L., Drusiani, R., Lucentini, L. y Murtas, S. (2017). Water as a weapon in ancient times: Considerations of tecnical and ethical aspects. Water Supply, 17 (5): 1490-1498.
• Harris, M. (1984). Animal capture and Yanomamö warfare: Retrospective and new evidence. Journal of Anthropological Research, 40:183-201.
• Linz, J. J. (1975). Totalitarian and authoritarian regimes. En F. I. Greenstein y N. Polsby (Eds.), Handbook of political science, Reading, Addison-Wesley. Pp 175-411
• Nussbaum, M. C. (2018). The monarchy of fear. New York, Simon & Schuster.
• Swain, A. (2015). Water Wars. En N. J. Smelser y P. B. Baltes (Eds.), International Encyclopedia of the Social & Behavioral Sciences, Elsevier. Pp 443-447
Fuente de este documento: https://www.ideasdebabel.com/?p=103141
domingo, 10 de enero de 2021
El árbol de la vida
El hombre blanco-anglosajon-protestante (WASP), y para más señas científico, en la “cúspide de la evolución













