sábado, 19 de mayo de 2018

“Quitarles la tierra a los negros de Urabá es como arrancarles la piel”: padre Javier Giraldo por Edinson Arley Bolaños

Hace 14 años el padre jesuita Javier Giraldo denunció ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos al teniente coronel (R) Néstor Duque. Lo acusó de varios crímenes mientras era el comandante del batallón Bejarano Muñoz, adscrito a la Séptima Brigada del Ejército con sede en Carepa (Antioquia). /El Espectador
No era posible describir tanto dolor. A finales de 1997, el coliseo de Turbo (Antioquia) acogió a más de tres mil campesinos negros e indígenas que habían sido desplazados de las riberas del río Cacarica, en Riosucico (Chocó), por grupos paramilitares. Su pecado fue vivir en tierras fértiles, que después empresarios sembrarían con palma.   
Durante cuatro años apaliaron el dolor del despojo en unos albergues que el padre Javier Giraldo ayudó a solventar con recursos de coperación internacional. Después de ese tiempo, algunos han intentado regresar para pelear sus predios, en medio de un clima de asesinatos y amenazas constantes. Muchos de ellos aún resisten.
El sacerdote jesuita, quien se ha caracterizado por su tono frentero, sigue en ese territorio denunciando la sistemática persecución que viven los líderes sociales, principalmente, los que reclaman su tierra desde esos años de violencia paramilitar. Una que según Giraldo, no pudo darse sin la connivencia del Ejército, como sentenció la justicia colombiana, en agosto de 2010, en el fallo contra el exgeneral Rito Alejo del Río. Una decisión relacionada con el asesinato de Marino López, un líder chocoano al que los paramilitares le cortaron la cabeza y jugaron con ella. Giraldo reitera que después de esta operación conjunta entraron los palmeros a sembrar estos territorios.
Sin la túnica de capellán, Giraldo ha caminado estos territorios periféricos y olvidados. Su túnica, más bien, parece hecha de resistencia. Con ella sigue defendiendo a cientos de líderes sociales de esta región. Con él hablamos, de los residuos paramilitares que aún perviven en la zona y de los intereses particulares que están defendiendo.
La guerra se agudizó en Urabá luego de la guerrilla de las Farc activara un carro bomba en el casco urbano de Apartadó (subregión de Urabá) el 27 de febrero de 1997./Archivo.
¿Cuándo llegó a las tierras del Urabá?
Llegué a finales de 1996, justo en la época en que se registraban muchos desplazamientos forzados. Los campesinos estaban muy desesperados porque los estaban matando todos los días. Había un plan para despejar de población toda esa región porque era y sigue siendo un corredor muy apetecido por todos los grupos armados, legales e ilegales. Un corredor que conecta con el Nudo de Paramillo, que era el centro de operaciones de los paramilitares. Ahora bien, por el Golfo de Urabá también sale mucha droga y entran las armas. Entonces, todo ese corredor ha sido muy apetecido por todos los grupos violentos: las guerrillas, el Ejército y los paramilitares.
¿Qué recuerda de ese momento trágico para las comunidades de Cacarica (Chocó)?
Al bajo y medio Atrato llegaron miles de desplazados entre el año 96 y 97. En ese momento estábamos un poco despistados, porque nos preguntábamos a qué obedecía todo ese desplazamiento. No entendíamos. Incluso, una hipótesis era que estaban desempolvando el proyecto de construir un canal interoceánico, alternativo al canal de Panamá, uniendo dos ríos: el Atrato y el Truandó, y que por eso estaban expulsando a la población para apoderarse de todos los terrenos.
¿Y si era eso?
No. Después de varios años de acompañar a estas comunidades en sus esfuerzos por retornar y recuperar la tierra, empezamos a descubrir que toda esa tierra estaba siendo sembrada de palma africana, eso fue entre 2000 y 2002. En todos esos territorios la palma africana estaba creciendo. Recuerdo que en una navidad acompañamos a un grupo de personas a ver qué había quedado de su caserío, el de Santa Lucía, sus viviendas y enceres que habían construido durante décadas. No había nada. Incluso, a la comunidad lo que más le dolía era que habían borrado del mapa el cementerio. Pasaron buldóceres, arrasando también viviendas y escuelas.  
Tras este suceso, ¿se dio cuenta de que muchas de las comunidades del Urabá estaban viviendo la misma tragedia?
En el 97 destruyeron más o menos a 35 comunidades, esa fue la Operación Génesis, dirigida por el general Rito Alejo del Rio, excomandante de la brigada XVII del Ejército. Mientras el Ejército bombardeaba los caseríos, por tierra entraban los paramilitares a tomarse las viviendas. Les daban un día a los pobladores para que desocuparan y se fueran. Le gente esperaba alguna embarcación o la hacían artesanalmente para salir a donde pudieran. Con lo que tenían encima llegaban a Turbo. Allá, la Policía estaba avisada y los iba recibiendo y se los iba llevando al coliseo. Todo estaba planeado.
¿Qué recuerda de ese momento?
Recuerdo el desespero de la gente porque era un desarraigo de su tierra, de su comunidad. Ellos jamás lo habían previsto y eso les dolía y les duele como si les arrancaran la piel. En el coliseo no hacían sino llorar y nos pedían que les ayudáramos a entender qué estaba pasando con ellos. Nosotros tampoco entendíamos nada, entonces, lo único que hicimos desde la Comisión de Justicia y Paz fue hacer que ese exilio fuera menos inhumano. Nos conseguimos unos recursos para hacer unos albergues donde por lo menos las familias tuvieran lo mínimo de privacidad y allí estuvieron cuatro años, en ese exilio, en Turbo.
Esto quiere decir que muchas de las tierras de los negros y de los indígenas fueron ocupadas por el monocultivo de la palma y el banano. ¿Qué pasa hoy con esos terrenos?
En todos estos años se ha logrado ir esclareciendo qué intereses había detrás y quiénes eran los empresarios. Ellos son un grupo de empresarios, antioqueños la mayoría, muy amigos del expresidente Álvaro Uribe, que tuvieron entonces todo el respaldo oficial. La mayoría eran empresarios de palma, también había algunos bananeros y otros vinculados a algunas transnacionales de banano. El trabajo jurídico para demostrar el despojo empezó en el 2000. Después, hubo algunos avances y varios empresarios llegaron a la cárcel. Existen casos que fueron hasta la Corte Suprema de Justicia, pero ellos (los empresarios) nunca se han dado por derrotados y se las arreglan para salir de la cárcel, para buscar palancas al más alto nivel, para cambiar las sentencias, en fin. Y cuando no pueden volver a apoderarse de la tierra así, porque también ha habido decisiones judiciales que favorecen a las comunidades negras, entonces lo hacen por sus propios medios.
Este era el tono del entonces comandante de la brigada del Ejército en Urabá, Rito Alejo del Río, quien años después sería condenado por apoyar la operación de los paramilitares en el río Cacarica./Archivo.
¿Qué significa eso? 
Ellos siempre han estado apoyados por los paramilitares y los tienen para que les hagan la vida imposible a las comunidades. Para que les corten las cercas, para meter ganado en sus terrenos y destruir sus cultivos, en fin, para desesperar a los negros y aburrirlos. Ellos se quejan ante los juzgados y ante los tribunales. El Estado manda al Ejército y se está ocho días. Luego se van y los paramilitares vuelven a destruir las cercas y todo ese círculo vicioso se prolonga.
De los miles de pobladores que abandonaron sus tierras tras la represión paramilitar, ¿cuántos han regresado hoy y cuántos están amenazados por reclamar la titularidad de sus predios?
Mucha gente no volvió. Recuerdo que ese fue el primer trabajo nuestro. A la gente que estaba en el coliseo les llevamos abogados para que les explicaran un poco de sus derechos. Como era eso de reclamar su propia tierra, en fin, ¡es que la gente estaba tan aterrorizada! Muchos nos dijeron: “yo no vuelvo por allá, yo prefiero vivir”. Se fueron a muchas regiones del país a buscar familiares lejanos para instalarse en otro lugar. Hubo otro porcentaje que sí se atrevió a recuperar la tierra, regresó y sigue dando la pelea.
¿El retorno se dio durante qué años?
Viene desde el año 2002. Los que querían retornar se quedaron en Turbo. Inicialmente se hicieron incursiones espontaneas, con acompañamiento internacional, para revisar qué había quedado y dónde se podía instalar la comunidad. Conseguíamos una embarcación, llegábamos al sitio y donde se decía que se iba a fundar un nuevo caserío, los negros sembraron cosas, para que al retornar tuvieran algo para comer. Así se fueron ubicando cuatro sitios de retorno en las ruinas de los caseríos que quedaron en pie. Entonces, en el mismo exilio que vivían en Turbo, la gente empezó a soñar con una nueva vida. Incluso, a un caserío en ruinas y que ellos reconstruyeron le llamaron Nueva Vida, a otro Esperanza en Dios y así fueron haciendo como una maqueta de nuevas comunidades y de una nueva vida desde el exilio en Turbo. Y así se dieron las incursiones hasta que se dieron los retornos.
Miles de pobladores del bajo Atrato viven en casas palafiticas a la orilla de este afluente del Pacífico. Siguen soñando con vivir dignamente en sus territorios./Archivo El Espectador.
¿Cuáles son las principales dificultades de esas comunidades que retornaron a su territorio y que hoy pelean por la titularidad de sus predios?
En este momento hay dos zonas de mucho conflicto sobre las riberas de los ríos Juguamiandó y Curvaradó. En el Curvaradó había muchos caseríos destruidos, pero la gente ha estado volviendo y reconstruyendo algunos. No obstante, ha tenido un conflicto terrible con empresarios de todo tipo. Por ejemplo, los atacan a nivel organizativo. Ahora cooptan líderes y hacen que éstos se tomen a sus comunidades para el beneficio particular. En fin. Hace falta mucho por restituir tierra y derechos a estas comunidades y, como dije antes, si a los negros e indígenas les quitan la tierra, es como si les arrancaran la piel.   
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Tomado de  https://colombia2020.elespectador.com/territorio/quitarles-la-tierra-los-negros-de-uraba-es-como-arrancarles-la-piel-padre-javier-giraldo

miércoles, 18 de abril de 2018

Docentes de Básica Primaria de nuestra Institución Educativa, reciben capacitación sobre el uso de las TIC

                       Ing.Ever Zambrano Barbosa.

El pasado viernes se realizó la formación de apropiación y uso de TIC a docentes de básica primaria de las sedes del corregimiento de Puerto Bogotá, esta formación estuvo a cargo del Ingeniero Especialista Ever Zambrano.
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martes, 17 de abril de 2018

205 años del árbol de la libertad,y en Honda se sembró el primero

                                     Foto: Señal Memoria
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La tradición de plantar árboles fue heredada de la Revolución francesa y su significado va más allá de lo que se espera
Por: Tiberio Murcia Godoy

Abril 16, 2018

En el siglo XXI la paloma blanca es el símbolo de la paz y hace 205 años el arrayán era el árbol de la libertad, que era lo más ansiado por la población granadina. Este año se conmemora los 205 años de la siembra de árboles de la libertad en este territorio que angustiosamente exigía “libertad”.
La influencia francesa
Gonzalo Hernández de Alba, citado por Víctor Florián, afirma: “se puede seguir de cerca la importancia que tuvo la Revolución francesa en nuestro medio, sus influjos y consecuencias. Porque no solo fueron los libros de Rousseau, Voltaire, Diderot D”Alembert los que se convirtieron en acicate del pensamiento criollo sino también la presencia y asimilación de símbolos revolucionarios: el árbol de la libertad, el gorro frigio, la escarapela. Asimilación bien visible a través de las ceremonias de plantar el árbol”. Para la Francia revolucionaria, “el árbol significa el adiós a un viejo mundo y el nacimiento de otro nuevo”. “Ahora me parece que la influencia de los hechos de la revolución de los franceses se hace más directa, más inmediata y menos discutible” es una conclusión a la que llega Hernández de Alba luego de ese amplio análisis del impacto y la aceptación de dichos símbolos en el Nuevo Reino, las estrechas “coincidencias simbólicas”(1).
La idea de plantar un árbol
“Aunque en el año de 1813 se inicia oficialmente la siembra del árbol de la libertad, en el Manifiesto de Cartagena de 1812, Simón Bolívar ya lo mencionaba ante lo que él denominaba la caída de Venezuela y la posible invasión de los españoles”, afirma Ana Derly Prieto Novoa. No obstante fue “Antonio Nariño, presidente del Estado Soberano de Cundinamarca deseoso de consolidar la armonía consideró que era el momento oportuno para reforzar el ánimo de sus tropas y proyectarlo a la población civil. Es así como programó la celebración de una fiesta cívica, patriótica y ciudadana para lograr una ‘buena armonía’ entre los partidos enfrentados en aras de las ideas centralistas y federalistas que defendían. Con esta finalidad, el gobernante triunfador determinó plantar el árbol de la libertad en la plaza mayor de Santafé y en las poblaciones más notables de Cundinamarca, acto que tendría lugar el 29 de abril. Así se había determinado cinco días antes, mediante el bando respectivo” (2).
¿Por qué un arrayán?
“El arrayán es un árbol nativo que tiene la virtud de crecer en distintos lugares de la geografía colombiana. Sus hojas perennes lo hacen ver verde todo el año. La tradición de plantar árboles fue heredada de la Revolución francesa; es decir de una revolución de la cual se esperaba morder un delicioso fruto: la libertad”, concluye Ana Derly Prieto Novoa (3).
¿Cuándo se sembró el primer árbol en nuestro territorio?
Roberto Velandia Rodríguez reseña en su libro La Villa de San Bartolomé de Honda. Tomo II este importante suceso: “El árbol de la libertad en Honda fue sembrado en solemne ceremonia por mandato del subpresidente interino don Ignacio Herrera el lunes de abril de 1813, según consta en la siguiente carta: ‘Excmo Sor, El segundo día de Pascua 19 de este mes se levantó el árbol de la Libertad en la Plaza de San Francisco de esta Villa, con licencia de don León Armero, en quien recayó la Sub-Presidencia por ausencia de don Antonio Viana. Mil hablillas compañeras inseparables de los nuevos acontecimientos comenzaron a difundirse entre la multitud que apetece la licencia; y para contener los excesos que pudieran ocasionarse sobre la tabla, dicte la declaratoria o significación para que el mismo instante fijara en los lugares acostumbrados y con copia de ella doy cuenta a V.E. Honda 23 de abril de 1813. Ignacio de Herrera” (4).
Otras ciudades
“Santafé de Bogotá el 29 de abril. Otros árboles y juramentos parecidos fueron realizados en las poblaciones de Guasca, Guatavita, Zipaquirá, Ubaté, Fúquene, Chiquinquirá, Saboya, Sutapelao, Sogamoso. Los habitantes de Cali el 24 de junio del año siguiente” (1814), acota Germán R. Mejía Pavony (5).
“Desde entonces, en Colombia sigue viva la tradición de plantar árboles de la libertad. En gigante, Huila, José Hilario López plantó una ceiba cuando decretó la abolición de la esclavitud durante su mandato presidencial (1849 – 1953)” (6).
Día del árbol
Coincidencia o no por haber sido sembrado el 29 de abril de 1813 el árbol de la libertad en Santafé de Bogotá, “el día de árbol se celebra en Colombia el 29 de abril. Es una fecha para concientizar a la gente sobre la necesidad de proteger las superficies arboladas. Una jornada dedicada a plantar árboles en diferentes lugares, para frenar los efectos del cambio climático y la tala indiscriminada. El Día Nacional del Árbol, comenzó a celebrarse el 12 de octubre, pero un decreto del año 1941 decidió conmemorarlo el 29 de abril”. (7).
Han pasado 205 años de ese gesto simbólico y hoy sí que se hace indispensable la siembra de árboles en todo lo ancho y largo de la geografía colombiana no solo para evocar la libertad, sino para preservar el medio ambiente y vivir en paz con la naturaleza.
(1) Florian, Víctor. (1992) Gonzalo Hernández de Alba (1934-1991) Ideas y valores. Universidad Nacional de Colombia. Nos. 87-88 Abril .Bogotá. Páginas 3 a 6. Rescatado de http://www.bdigital.unal.edu.co/21903/1/18438-59789-1-PB.pdf
(2) Prieto Novoa, Ana Derly . (2013). El árbol de la libertad. Academia de Historia de Cundinamarca. Bogotá. Rescatado de https://www.cundinamarca-historica.org/arbollibertad.html
(3). Ibid.
(4) Velandia Rodríguez, Roberto. (1991). La Villa de San Bartolomé de Honda. Epca de la Independencia y la Gran Colombia Tomo II. Editorial Kelly Bogotá. Págs. 56 y 57
(5) Mejía Pavony, Germán Rodrigo. (2009). El árbol de la plaza. Colección Bicentenario. 11 relatos para volver a a contar. Ministerio de Educación Nacional. Bogotá. Pág. 80
(6) Prieto Novoa, Ana Derly . (2013). El árbol de la libertad. Academia de Historia de Cundinamarca. Bogotá. Rescatado de https://www.cundinamarca-historica.org/arbollibertad.html
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Tomado: https://www.las2orillas.co/205-anos-del-arbol-de-la-libertad/
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domingo, 1 de abril de 2018

‘No ha habido identidad nacional, tenemos un país con muchas culturas' Jorge Orlando Melo

Tras muchos años de investigación, Jorge Orlando Melo publica ‘Historia mínima de Colombia’.
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01 de abril 2018 , 02:00 a.m.
‘Historia mínima de Colombia’, de Jorge Orlando Melo, es, en palabras de Héctor Abad Faciolince, otro gran escritor, “el libro que nos hacía falta”. Y no solo por su prosa breve y precisa, sino por lo que significa como enseñanza sabia de una historia, la nuestra, que tanto desconocemos. Enseñanza absurdamente eliminada de la cátedra escolar.
Melo, licenciado en filosofía y letras, ‘master of arts’ de The University of North Carolina y con estudios de historia latinoamericana en Oxford University, anuncia que su libro será lanzado el 17 de este mes, en la Feria del Libro, y será presentado por el ministro de Salud, Alejandro Gaviria. La siguiente es la primera parte de la entrevista sobre su libro.


Su libro se inicia con la historia de la Conquista española. ¿Cómo resumiría la actitud de los españoles?

En todo grupo humano hay malos y buenos. Hubo españoles como Pedro Arias Dávila, que llegó al Darién y masacraba indígenas sin límite, a veces por crueldad, o por imponer su autoridad, o por moralismo cristiano, como cuando hacía empalar a los homosexuales. Había otros conquistadores como Quesada o como Rodrigo de Bastidas, en Santa Marta, que querían hacerse amigos de los indios y ganar su confianza, para someterlos sin que murieran muchos, porque al fin y al cabo eran los que les iban a trabajar. Tenían interés en ser buenos.

¿En general, la Conquista española fue macabra o no?

Tuvo algo terrible: redujo en forma drástica una población indígena muy numerosa, Al llegar los españoles, se calcula que había unos 4 o 5 millones de indios. Los recuentos tributarios indican que habían bajado a un poco más de un millón hacia 1560 y 80 años después, a 600. 000. Pero la mayoría murieron por las enfermedades que portaban los españoles: la viruela, el tifo, el sarampión y otras enfermedades que no tenían los indios.

¿No murieron por masacres?

Por masacres murieron muchos, sobre todo en la etapa inicial, y cuando los españoles enfrentaban tribus que no se sometían con facilidad.

¿Fueron muchas las tribus indígenas resistentes a la Conquista?

Claro. Los indios de Cartagena y de Santa Marta enfrentaron a los españoles con arcos y flechas envenenadas, y mataron a Juan de la Cosa, a Alonso de Ojeda. Los de Timaná hicieron la revuelta de la Gaitana, donde murieron muchos españoles. Los pijaos estaban en guerra en 1609. Los wayús o los del Darién todavía peleaban hacia 1800. Esas batallas enfrentaban a unos centenares o miles de indios con 50 o 100 españoles, que traían armas de fuego.

¿Qué tipo de armas tenían nuestros indígenas?

Tenían dos tipos de armas, dependiendo de las culturas: los de Bogotá tenían palos y macanas, lo más ineficiente, y dardos. En Santa Marta, en La Guajira, en Cartagena, en el Darién, en Urabá tenían arcos y flechas envenenadas.

Tenían dos tipos de armas, dependiendo de las culturas: los de Bogotá tenían palos y macanas, lo más ineficiente, y dardos

¿Los indígenas de Bogotá no usaban dardos envenenados?


No. Por eso, aquí casi no mataron a ningún español, y estos entendieron que la manera de ganarlos era negociar: apoyar caciques en conflicto con otros.

¿Está confirmado que Jiménez de Quesada fue un gran negociador?

Sí. Era un negociador, y ejecutó a uno de sus hombres porque le quitó una manta a un indio, para mostrar que iba a tratarlos bien. Pero después, cuando Sagipa, que reemplazó al zipa Tisquesusa, muerto por los españoles, no dijo dónde tenía escondidos todos sus tesoros, los españoles lo torturaron hasta que murió, y Quesada dijo que como no era cristiano, no había que tratarlo con muchos miramientos. Los negociadores se contraponen a los que prefieren el conflicto y la violencia, pero muchas veces buscan el mismo resultado: por acuerdo, seducción, engaño o violencia, importaba era someter a los indios, y se usaban todos los medios. En la historia de Colombia esta contraposición es frecuente: en 1895 o 1899, los liberales se dividieron entre pacifistas y belicistas: ambos querían tumbar al gobierno conservador, pero unos pensaban que lo mejor era hacer la guerra civil y otros, que era mejor negociar y que la guerra iba a darle más poder al Gobierno; en 1949 y 1950 esto se repitió: muchos liberales querían armar guerrillas y enfrentase al gobierno conservador, pero otros decían que era mejor desacreditar al Gobierno, abstenerse electoralmente, hacer “resistencia civil”. Y entre los partidarios del socialismo, unos querían el poder con votos y otros con las armas.

La Conquista no solo trajo a los españoles, sino a la Iglesia; desde entonces la Iglesia aparece como gran poder político en Colombia...

Sí. Porque a los españoles los movían dos cosas con fuerza: las ganas de enriquecerse y la fe: la idea de crear un imperio cristiano para convertir a los indios.

¿Qué tan buena o qué tan indebida fue la presencia de la Iglesia en la Conquista, y luego en la Colonia, y luego en la Independencia?

La Iglesia en la Conquista dio a los españoles argumentos y ánimos para justificar la guerra y la invasión, y fue por ello un factor esencial en que se dominara a los indios, pero al mismo tiempo trataba de controlar los abusos contra los indios. Pero la misma Iglesia tenía ideas que llevaban a abusos; por ejemplo, la Iglesia consideraba que había derecho a hacer guerra contra los que no dejaban enseñar la religión, y eso dio argumentos a los conquistadores. Y creía que había que castigar, incluso con la muerte, a los indios “caribes”, por comer carne humana, y a los que practicaran la homosexualidad, el “pecado nefando”.

¿Fueron muchos los curas que llegaron con los conquistadores?

Sí. A Santa María la Antigua del Darién, en 1513, llegó ya un obispo. La Conquista fue doble: el dominio militar a los indios, para ponerlos a trabajar para los españoles y el dominio religioso, para convertirlos. Algunos miembros de la Iglesia buscaron frenar los abusos, las crueldades extremas: eso fue lo que hizo fray Bartolomé de la Casas, y lo hicieron muchos curas de acá de la Nueva Granada. Después de la Independencia, el modelo de sociedad español, en el que la Iglesia y el Estado están unidos, fue criticado por los liberales. Para estos, no había que dejar a la gente en manos de los curas, que los llenan de supersticiones, y había que educarlos con maestros.

La Conquista fue doble: el dominio militar a los indios, para ponerlos a trabajar para los españoles y el dominio religioso, para convertirlos
¿Y luego?


Desde 1819 hubo una contraposición entre el ideal de sociedad regida por la Iglesia y otro ideal laico, en el que la religión se convierte en algo privado, de conciencia, pero la sociedad se rige por la ley. La Iglesia, después de los conflictos de 1851, acabó unida a los conservadores. La guerra civil de 1878 fue una guerra religiosa, porque los liberales trajeron educadores alemanes protestantes para que formaran a los maestros, y eso no se lo aguantó la Iglesia. El conflicto entre liberales y conservadores entre 1936 y 1946, que derivó en la violencia de mediados de siglo, se debió en parte al enfrentamiento entre la visión de una sociedad católica y una laica: para los promotores de la cruzada contra el liberalismo que decían que traería el comunismo y el protestantismo, no podían dárseles derechos políticos a los liberales, pues el error, decían, “no tiene derechos”.

¿La sociedad colonial fue muy jerárquica?

Sí. Esa es herencia que tenemos del dominio español: una sociedad en la cada uno es distinto a los demás y tiene derechos de acuerdo con su grupo social: los blancos, indios o negros, los vecinos de la plaza o los campesinos. El derecho dependía del color o del lugar en la jerarquía social. El esfuerzo del siglo XIX fue la idea liberal de que todos tenemos derechos iguales: los derechos del ciudadano, libertad para pensar, hablar, trabajar, etc., el derecho a elegir los gobernantes y a tener el mismo trato en la ley. Y desde 1920 empezó a surgir la idea de que hay derechos sociales que tenemos todos: a tener salarios justos, a tener educación y salud, al bienestar, a una sociedad igual no solo en lo legal. Todavía, no obstante la tradición legal, el liberalismo es superficial, y domina la idea de que uno tiene derechos según quien sea: “¿Y usted no sabe quién soy yo? Estamos muy lejos de cualquier igualdad social o económica: Colombia forma parte de los países más desiguales en ingreso o distribución de la propiedad.

¿Desde la Conquista, Colombia nunca tuvo una identidad nacional?

No, aquí no ha habido identidad nacional, tenemos un país variado, diverso, con muchas culturas. Uno reconoce a un argentino, a un mexicano, por el acento, ¿pero quién reconoce a un colombiano? Si es costeño, lo pueden confundir con un cubano y si es de Pasto, con un ecuatoriano. 

¿Eso es una gran desventaja frente a otras naciones?

No me parece. La diversidad tiene grandes ventajas. El sueño de una “identidad nacional” más coherente fue el de la regeneración, el de Miguel Antonio Caro: una identidad hispánica, blanca, católica, conservadora, basada en la familia, que rechazaba los aportes de las culturas indígenas o del racionalismo europeo. Fue bueno que no se impusiera, y que seamos distintos. Observe que los colombianos se sienten orgullosos de la diversidad geográfica, social, regional, cultural, étnica.

¿Cuándo y cómo nacen los dos grandes partidos políticos?

Son dos imágenes sociales opuestas, pero que se definen por la pelea de dos personajes: Bolívar y Santander. Bolívar era un hombre de la oligarquía pura de Caracas, que hizo una gran carrera militar desde 1811; Santander era un abogado, como mucha gente en la Nueva Granada; este ya era en 1810 un país de abogados, aunque en los primeros años de conquista, en 1513, la ley decía no dejen entrar abogados, que todo lo vuelven pleitos...

Bolívar era un hombre de la oligarquía pura de Caracas, que hizo una gran carrera militar desde 1811; Santander era un abogado, como mucha gente en la Nueva Granada
¿Qué ley lo decía?


Una ley del rey de España con instrucciones a Pedrarias Dávila para gobernar el Darién. Pero nos llenamos de abogados, tanto que Bolívar decía: Quito es un convento; Caracas, un cuartel y Bogotá, una universidad. En Bogotá todos los jóvenes de buena familia querían ser abogados. Pero en esa época la ley se hacía en España, y se cumplía si los poderosos locales la creían justa. Por eso luchaban Bolívar y Santander: al comienzo ambos creían que había que independizarse para tener una sociedad de ciudadanos iguales, una república representativa, regida por la ley escrita y no por la voluntad de un monarca, y en la que los hombres de Caracas se pusieran de acuerdo con los de Cartagena, Bogotá o Popayán, para hacer la ley para todos. Bolívar, después de 15 años de guerra, se desesperó: en su opinión, los abogados hacían leyes que no dejaban actuar a los gobernantes, y menos a los militares. Y por eso propuso en 1825, en Bolivia, una Constitución distinta a la de Colombia, que se había aprobado en Cúcuta en 1821. En la propuesta de Bolívar, el presidente era vitalicio y muy poderoso y el Senado, hereditario, para que en las elecciones el voto del pueblo ignorante y al que los españoles no habían educado en los valores cívicos no eligiera demagogos.



¿Y la posición de Santander era opuesta?



Santander decía que solo si respetábamos la ley y aprendíamos a obedecerla podría crearse un país ordenado, y se opuso a la idea de Bolívar, que en 1827 buscó que en Colombia se adoptara la Constitución presidencialista y casi monarquista de Bolivia. Además, en 1821 Bolívar y Santander aceptaron un artículo de la Constitución: que no se podría cambiar en 10 años. Y Bolívar la quería cambiar en 1827. Santander acabó diciendo esos aforismos exagerados para defender la ley: “Si la ley nos trae el mal, será el mal”



Bolívar y Santander eran compañeros en la Independencia, pero luego se volvieron enemigos totales. ¿Por qué? ¿Y por qué ha sido siempre así la historia de Colombia?



(Este domingo, en EL TIEMPO, 2.ª parte de entrevista)



YAMID AMAT

Especial Para EL TIEMPO
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Tomado de;
http://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/entrevista-de-yamid-amat-a-jorge-orlando-melo-porsu-libro-historia-minima-de-colombia-199630

Así respondía Einstein cuando le preguntaban si creía en Dios

Sabían que cuando Einstein daba alguna conferencia en las numerosas universidades de USA, la pregunta recurrente que le hacían los estudiantes era:

Así respondía Einstein cuando le preguntaban si creía en Dios

-¿Cree Ud. en Dios?

Y él siempre respondía:

-Creo en el Dios de Spinoza.

El que no había leído a Spinoza se quedaba en las mismas…

Baruch de Spinoza fue un filósofo Holandés considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, junto con el francés Descartes. Aquí algo de él.

Este es el Dios o Naturaleza de Spinoza:

Dios hubiera dicho:

"Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.

Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.

¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, obscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa.

Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las
playas. Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.


Deja ya de culparme de tu vida miserable; yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad fuera algo malo.

El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría. Así que no me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer.

Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito...

¡No me encontrarás en ningún libro!

Confía en mí y deja de pedirme. ¿Me vas a decir a mí como hacer mi trabajo?

Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, ni te crítico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo. Yo soy puro amor.

Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice... yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias... de libre albedrío ¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad?

¿Qué clase de Dios puede hacer eso?

Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; esas son artimañas para manipularte, para controlarte, que sólo crean culpa en ti.

Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti. Lo único que te pido es que pongas atención en tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía.

Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.

Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro.

Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno.

No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero te puedo dar un consejo. Vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única oportunidad de disfrutar, de amar, de existir.

Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di. Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar ¿Te gustó?... ¿Te divertiste? ¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Qué aprendiste?...

Deja de creer en mí; creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amada, cuando arropas a tu hijita, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar.

Deja de alabarme, ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy?

Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo. ¿Te sientes mirado, sobrecogido?... ¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.

Deja de complicarte las cosas y de repetir como perico lo que te han
enseñado acerca de mí.

Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas.

¿Para qué necesitas más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones?

No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro... ahí estoy, latiendo en ti".

Spinoza

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Tomado de;
https://esnoticia.co/noticia-31203-asi-respondia-einstein-cuando-le-preguntaban-si-creia-en-dios