martes, 26 de abril de 2011

Sombrero de mago El negocio de la salud Por: Reinaldo Spitaletta

Desde la aprobación de la Ley 100 de 1994, que privatizó la salud y tornó en archimillonarios a los negociantes de la misma, el paciente (¿o será el cliente?) dejó de ser protagonista del llamado “acto médico” para dejarles ese papel a las facturas y las chequeras.

Se sabe que dentro de las cien empresas más grandes del país, hay entre ellas cinco dedicadas al rentable negocio de la salud, o, en otras palabras, a enriquecerse con la enfermedad de los colombianos.

El asunto de la salud en Colombia ha sido uno de los más tristes para la mayoría de gente. La intermediación privada, además de los aplastantes monopolios de la química farmacéutica, convirtieron ese rubro en inalcanzable para los más pobres, para los marginados, víctimas de un sistema inequitativo y brutal.

Se ha dicho, no sin razón, que en Colombia son más los muertos por la Ley 100, que los causados por la violencia. En este punto vale la pena recordar un episodio trágico, sucedido en 2003, en un hospital de Itagüí, Antioquia. La denuncia la realizó entonces un médico de la Universidad de Antioquia. Allí llegó una muchacha a que le atendieran un parto prematuro; sin embargo, aquel centro asistencial no tenía recursos para “atender niños pretérmino”.

Un facultativo intentó remitirla a cuatro hospitales del área metropolitana, pero no la aceptaron. El episodio llegó hasta el hospital San Vicente, donde dijeron que la atendían previa autorización de la Dirección Seccional de Salud de Antioquia, pero no hubo autorización, porque, dijeron de allá que “la paciente está en la base de datos del municipio de Itagüí y además tiene afiliación en el municipio de Pueblo Rico”. Tras 14 horas de trámites burocráticos, el bebé nació en el hospital del principio, que no tenía recursos para esa atención.

Cuatro horas después, al bebé lo aceptaron en otro hospital, pero, por problemas administrativos con el Sisben, lo devolvieron al de Itagüí. Mejor dicho, Kafka hubiera escrito una novela al respecto o los dramaturgos del absurdo se hubieran dado un “banquete” con esta historia. La criatura murió, mientras se esperaban formularios y facturaciones. Qué horror. Al bebé –como se dijo entonces- lo mató la Ley 100.

La salud, o el bien de la salud, como lo diría un antiguo médico griego, es una mezcla de cualidades o un “equilibrio de potencias”. Y para que ello se dé, son, además, necesarios factores como el nivel de educación de un país, la disponibilidad de agua potable y de higiene, vivienda y empleo dignos, aspectos culturales que permitan intercambios con el otro y posibilidades de armonía mental. Y estos aspectos, como se ve, no son los que predominan en Colombia.

Por el contrario, la salud se volvió una infame puja del capital financiero, una feria de mercaderes, un ámbito deshumanizado para la acumulación de ganancias. Lo último, o prácticamente lo inexistente, es el servicio a los pacientes. Prueba de esto, son las múltiples quejas de los afiliados contra las empresas promotoras de salud. El año pasado, la Superintendencia de Salud recibió más de sesenta y cinco mil reclamaciones por malos servicios de las EPS.

Según los reclamantes, se tiene que padecer el infierno de largas esperas, de más de cuatro meses, para acceder a una cita con especialista; además, son eternas las programaciones de cirugías y casi siempre se entregan incompletos los medicamentos.

Entre las peores EPS, según las quejas de los usuarios, están Humana Vivir, Solsalud, la Nueva EPS, Salud Vida, Multimédicas y Salud Colpatria. Menos mal que aún sobrevive la tutela, que el pasado régimen gubernamental quiso abolir, además de promulgar decretos contra los pacientes y a favor de los mercaderes de la salud.

En todo caso, la neoliberal Ley 100 se hizo y perfeccionó no para preservar la salud de los colombianos, sino para satisfacer los apetitos de negociantes nacionales e internacionales. Cada vez, la mayoría está más lejos del cuerpo y mente sanos. Y para acabarla de enfermar, está la nefasta ley, que también, como se ha visto, sirve para matar.


Elespectador.com| Elespectador.com
Tomado de:
http://www.elespectador.com/impreso/opinion/columna-265185-el-negocio-de-salud

lunes, 25 de abril de 2011

Hicimos presencia en el programa lectura sin fin, hoy día del idioma

DÍA MUNDIAL DEL LIBRO Y EL DERECHO DE AUTOR
PROGRAMA: LECTURA SIN FIN

Cómo un homenaje a escritores, editores, libreros, bibliotecarios y todos aquellos que trabajan alrededor del libro, haremos lecturas en voz alta para todos nuestros usuarios, lo invitamos a que nos acompañe con su voz, esta es la programación para que escoja el fragmento que nos quiera compartir:
9:00am – Chumba la cachumba
9:15am – Mambrú se fue a la guerra
9:30am – La pulga y el piojo
9:45am – El músico del aire
10:00am – Dos ratones, una rata y un queso
10:15am – Los animales domésticos y
electrodomésticos
10:30am – La cucarachita Martínez
10:45am – El día de los muertos
11:00am – El dedo de Estefanía
11:15am – El mejor nido
11:30am - La pulga fiel
11:45am – La venganza de la madre monte
12:00am – Caperucita roja
12:15m – La vendedora de claveles
12:30m – Turbel, el viento que disfrazó la brisa
12:45m – Mamá Bachue
1:00pm – María de mis sueños
1:15pm – Gorgona
1:30pm – La magia del Joe Domínguez
1:45pm – Avatares de un nuevo Judas
2:15pm – Muy cerca del mar te escribo
2:30pm – La visita de condotiero
2:45pm – Semejante a la vida
3:00pm – El rastro de tu sangre en la nieve
3:45pm – La última oportunidad
4:15pm – Después de las grandes rabias y los
hermosos errores
4:30pm – En la diestra de Dios Padre

Fecha: Lunes 25 de abril de 2011
Hora: 9:00 a.m. a 6:00 p.m.
Lugar: Sala alterna de biblioteca
Dirigido a: toda la familia
Informes: teléfono 251 33 05 ext. 8352


Si desea más información visite:
http://www.banrepcultural.org/honda


PAULA ANDREA TAMAYO BOTERO
Directora
Biblioteca Banco de la República
Sucursal Honda
Carrera 11 con calle 14 esquina
Tel: 251 33 05 ext. 8351
Cel: 318 3308284

viernes, 22 de abril de 2011

¿Hasta cuando la juventud colombiana se va a aguantar el embuste de la guerra contra las drogas? Por: Jorge Colombo*

“You will be hollow. We shall squeeze you empty and then we shall fill you with ourselves.”[1]




Sobre las drogas todos tenemos una opinión, pero pocos sabemos de lo que hablamos. Permutamos palabras como narcóticos, estupefacientes, drogas, alucinógenos, psicotrópicos como si fuesen sinónimas. Las especificidades de cada droga se ignoran y todas las que son ilegales las metemos en un mismo paquete: si una droga produce alucinaciones, o si es un tranquilizante, o si es un estimulante, o si nos disocia, o si deprime el sistema nervioso, o si tiene o no usos medicinales, o si tiene o no usos religiosos, o si es o no adictiva poco importa. Todas son “drogas”, sin más.


Si es ilegal, por algo será. ¿Pero, por qué sera? Quien sabe, pero seguro son malas. ¿Pero, por qué son malas? Porque son ilegales. Un argumento circular que, en nuestra pereza mental, alimentamos con las arengas usuales entre la gente ansiosa y nerviosa [2]. Se habla, pero nadie sabe de lo que habla.

Y ya, cuando las palabras están desprovistas de un significado específico, se vuelve imposible comunicarle al interlocutor un mensaje preciso. Cuando se escribe sobre opiáceos creemos que estamos leyendo sobre alucinógenos. Cuando se trata entonces sobre alucinógenos creemos que estamos hablando de sustancias adictivas. Vivimos con unos conceptos difusos, los cuales intentamos remediar proyectando lo poco que sabemos del alcohol y el cigarrillo sobre las otras sustancia (“¡Si ya tenemos problemas con el alcohol y el cigarrillo, imagínese como sería con las otras!” se suele oír).

Y no es para menos, en el mar de ignorancia y de afirmaciones irresponsables en el que navegamos solo nos podemos agarrar de nuestra poca experiencia. Si conocemos a alguien que tuvo dificultades con el consumo de alguna droga y “echó su vida a perder” se lo achacamos a “las drogas”, sin entrar a analizar rigurosamente su problema y sin tener en cuenta la vida de la persona. Simplemente la juzgamos: “¿quien lo manda a consumir?”. Y nos sentimos con todo el derecho de hacerlo.

Pero aún, en nuestra ignorancia sobre el asunto, exigimos que nuestra opinión sea tenida en cuenta. “Esa es la democracia” explicamos, donde hasta queremos que la ley penal se decida por referendo. Pero en esta materia, poner a la gente del común a decidir, en vez de escuchar a especialistas, es como someter el contenido del currículo de matemáticas a la opinión del pueblo y no a la de los pedagogos y matemáticos.

Si usted no sabe sobre el asunto, absténgase de dar su opinión. Sea humilde, quédese callado, lea e infórmese. No juzgue, no sea irresponsable, no pavonee su ignorancia. Colombia ha librado una guerra muy costosa contra las drogas ¿Sabe usted de verdad si las premisas de las cuales se parte para sustentar esa guerra son validas? Lea e infórmese, porque no lo son. Y si no quiere elaborar en su cabeza el andamiaje necesario para entender el tema del consumo de drogas con precisión académica, le repito, sea humilde, absténgase de dar su opinión. Déjele el tema a los especialistas, y por favor: ¡No meta miedo!

Ahora bien, no todo el que se dice especialista lo es. Pésima fuente de información al respecto es la gente a la cual la situación actual le conviene y que ademas la promueve: la Dirección Nacional de Estupefacientes, los policías mediocres, los contratistas militares, la DEA, los zares anti-drogas, los que administran clínicas que aseguran curar la adicción, la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. Ellos vienen, montan un desorden y después le cobran para administrarselo.

Colombia lleva sufriendo las consecuencias de esta guerra contra las drogas por más de treinta años. Es una guerra que nos cuesta muchísimo: corroe la democracia, humilla nuestra soberanía, destruye el medio ambiente, alimenta nuestro conflicto armado, promueve la corrupción, fomenta leyes que se aplican arbitrariamente, mina nuestro desarrollo, mina nuestra seguridad, mina el imperio de la ley, echa a perder una buena parte de nuestro capital humano, vulnera nuestro legado cultural, amenaza la salud, aboga la discriminación, desperdicia los recursos. Y al final, ni siquiera sirve como política contra las drogas. ¿Hasta cuando vamos a seguir echándole la culpa de nuestras mafias a los consumidores del primer mundo? ¿Cuando vamos a asumir responsabilidad por lo que esta dentro de nuestro control?

Este es pues un llamado a la juventud colombiana para que tome responsabilidad en el tema y cartas en el asunto. Porque es nuestra juventud, que si en su mayoría no entiende, con todo rigor y autoridad, que esta guerra no vale la pena, la que seguirá viviendo subyugada, heredándole en su turno a sus hijos el mismo problema que la generación que hoy esta a la cabeza no ha querido asumir. La prohibición no es la solución y es a los colombianos y mexicanos a los que nos toca así entenderlo, porque nadie más la esta sufriendo como nosotros.

Notas

[1] “Estarás hueco. Te vaciaremos y te rellenaremos de… nosotros.” Mil novecientos ochenta y cuatro, George Orwell (1949)

[2] Es decir arengas que empiezan haciendo referencia a la decadencia humana, al crimen, a la mafia, al diablo, a la depravación de la juventud , a los valores morales, a lo puro, a lo correcto, a Dios… y que suelen terminar con una posición inclemente que justifica todo tipo de abusos.



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Tomadohttp://blogs.elespectador.com/ladrograycolombia/2011/04/18/hasta-cuando/ de:

Ecsijo volber al 230 por Andrés Hurtado García (Tomado El Tiempo.com)

Elio Mendoza, prestigioso médico bioenergético, me envió este texto que quiero compartir con los lectores. Se trata de la carta de un estudiante a la Secretaría de Educación y al Ministerio de lo mismo. Y dice así: "Ecsijo volber al 230, yaque con este decreto paso el año sin precentar trabajos, faltar a clases, perder las evaluaciones y las re, re (recuperaciones y mas recuperaciones) mejor dicho sin esforsarme, solo joder y joderle la vida a los cuchos. Porq no volbemos a la mediocrida, al fasilismo, al relajo, que nos cigan dando todo sin dar nada a canvio (alimentación, trasporte, matricula gratis) y asta resibir platica de familias en axion, que en ultimas es lo mas importante; lo de notas, conocimiento y conducta queda atraz.

"Como estraño aquellos tiempos de relajo. Este año la cosa se puso peluda con eso del 1290, ahora si nos pusieron a estudiar. Si no volbemos a la promocion automatica, amenazamos con volbernos buenos estudiantes... y es en serio.

"Nota: disculparan la hortografia, lo que pasa es que el año pasado no quice aprender a escribir bien. Perdi seis areas pero tuvieron que pasarme. Ja ja ja ja. un estudiante bago y fan del 230". Asta aqui la carta del heztudiante. Perdón, se me estaba pegando su ortografía.

El gobierno anterior y el actual han hablado mucho de educación, tal vez demasiado, y han prometido el oro y el moro. Uno, que a la larga no deja de ser inocente por el irreprimible deseo de que las cosas vayan mejor, les ha creído al principio. ¡Tan tonto que es uno! ¡A estas alturas de la vida y todavía creyendo a políticos! La actual ministra ha dicho unas frases bellas sobre educación, demasiado bellas para ser válidas. Le he leído unas declaraciones hermosas sobre el mejoramiento de la educación en Colombia. Pero a la hora de la verdad han sido palabras vanas. ¿Quieren los lectores la prueba reina?

Desde el gobierno anterior nos hemos empeñado en encontrar las pruebas reinas de muchas cosas. Hela aquí. Al terminar el año pasado eran muchos los muchachos del país que reprobaban el curso por causa de su pereza, motivada en grandísima parte por el famoso decreto de la promoción automática y la falta de entereza y compromiso de los padres de familia.

Aterrado, el gobierno presionó desde el ministerio del ramo y desde las secretarías de educación a rectores, maestros y colegios, para que arreglaran las notas a los perezosos. Así de sencillo y así de descarado y cínico fue el hecho. De esta manera, elemental y alocada, se pretende mejorar la educación en Colombia. Estamos en el país de Macondo. ¡Viva Colombia!

Tomado de:
http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/andrshurtadogarca/ecsijo-volber-al-230_9187981-4

jueves, 21 de abril de 2011

Impresionantes fotogafías tomadas por Carlos Garzón de la caida de la bancada entre Puerto Bogotá y la cabecera (Guaduas)

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Fotografías de Carlos Garzón, bajada del facebock de Juan Ángel Tovar León, Abril. 20 de 2011