lunes, 3 de abril de 2017

Colombianos: entre pirámides y ‘gota a gota’ Por: William Rincón




Aunque en los últimos años el distanciamiento entre los colombianos y el sistema financiero se ha cerrado, las cifras y sobre todo los comportamientos siguen siendo preocupantes. Le estamos entregando nuestro dinero a cualquier aparecido.
En el día a día, los colombianos siguen pagando sus deudas con una tasa de usura estratosférica y todavía creen que con una inversión pequeña pueden multiplicar sus ingresos, claro si es que son capaces de vender la mágica idea a otros tres desprevenidos inversionistas. En pleno 2017, los colombianos viven entre ‘gota a gota’ y pirámides. ¡Aunque usted no lo crea! como rezaba el viejo eslogan televisivo.
Los ‘gota a gota’ se convirtieron en un peligroso ‘desbare’ para los colombianos. Cuando la necesidad es urgente, los inversionistas no tienen reparo en buscar un crédito rápido a personas que tienen grandes cantidades de efectivo y no tienen consideración en cobrar tasas de interés que a veces llegan al 50 por ciento. Y lo peor, sus formas de cobro no son las más tranquilas. Las historias de amenazas, agresiones y asesinatos por no pagar el ‘diario’ se cuentan por decenas en las regiones del país. Aún así, esta modalidad sigue siendo la más utilizada por los angustiados pagadores.
El portal Finanzas Personales reveló que, según cifras de la Encuesta de mercado de crédito informal en Colombia, el crédito informal sigue siendo una de las formas de financiamiento en las familias de estratos 1, 2 y 3, ya que de los 6,8 millones personas endeudadas entrevistadas, el 83 por ciento admitió haber adquirido un préstamo por medio de familiares, amigos, vecinos, casas de empeño o gota a gotas teniendo, este último, una participación del 25 por ciento de personas endeudadas.
¿Y qué decir de las pirámides? Colombia es tristemente líder en esta modalidad de recolección ilegal de dinero. El sueño de modelos de inversión que garanticen ‘rendimientos increíbles’ sigue siendo un atractivo canto de sirena para miles de colombianos, que siguen empeñando sus ahorros a la espera de algo tan complejo como ‘multiplicar el dinero’ se logre con una firma, una sonrisa y una bendición de la Virgen.
La Superfinanciera insiste en que las pirámides se han sofisticado. Ahora, las atractivas propuestas llegan hasta por cadenas de WhatsApp. Y lo peor: aunque las ofertas cada vez son más irreales, cada vez son más los colombianos que entregan casi que con una sonrisa los ahorros que por años han guardado producto de su trabajo. La pregunta del millón es ¿habiendo opciones legales y vigiladas, por qué cada vez hay más y más incautos?
Los colombianos, paradójicamente, también son folclóricos con su dinero. Como si los billetes nacieran en los árboles. Como los niños: primero deben golpearse, para luego hacer lo correcto. Antes de acercarse al sistema bancario y abrir cuentas de ahorros o pedir créditos de libre inversión, empeñan ahorros, seguridad y tranquilidad para tapar un hueco de la forma más expedita posible.
De acuerdo con datos de Asobancaria, Colombia tiene más de 363.000 puntos de acceso a productos financieros y 2015 terminó con 75 por ciento de los colombianos con al menos un producto financiero. La meta para este año es que 77 por ciento de la población tenga acceso al sistema y para 2018 el objetivo es llegar a 85 por ciento, por lo que la banca tiene importantes retos para tener un sistema mucho más inclusivo.
Lo cierto es que las opciones están. El sistema bancario colombiano cada vez tiene más opciones para que los colombianos vayan a la fija y no arriesguen su dinero y mucho menos se pongan en manos de peligrosos prestamistas que muchas veces cobran con sangre las deudas. También es cierto, que bancos, fiducias y fondos deben redoblar esfuerzos para llegar al día a día de los colombianos y les solucionen sus problemas económicos sin tantas demoras. Ojalá dejemos la inocencia, porque como dicen las madres enfurecidas, la plata no crece en los árboles.
.Tomadeo de;
http://www.fiduprevisora.com.co/noticias/378/14

jueves, 30 de marzo de 2017

CÁTEDRA EUROPA EN UNINORTE “Los estudiantes y profesores sufrimos de aburrimiento”: Mónica Carlsson

La danesa le contó a El Espectador que hoy en día los sistemas educativos priorizan las habilidades y conocimientos de sus alumnos en detrimento de su bienestar.
Mónica Carlsson es profesora de la Universidad de Aarhus en Dinamarca y desde la década de los setenta se ha dedicado a explorar la educación en el mundo. Se declara enemiga rotunda de los ránquines y para ella uno de los propósitos de la enseñanza hoy en día es formar ciudadanos que puedan aportarle a la sociedad en la que viven. Aseguró que, en la mayoría de los colegios del mundo, el aburrimiento, tanto en profesores como en alumnos, es una gran parte del problema educativo.
¿Cuál es su lectura de los sistemas educativas de la actualidad?
Estamos en un sistema educativo, hoy en día, que prioriza las competencias entendidas como pruebas en habilidades y conocimientos. Mi idea es: ¿Cómo podemos trabajar para que los colegios promuevan cualificaciones en sus estudiantes? ¿Cómo hacemos que los estudiantes sean parte la vida, del mundo y de la sociedad?
¿Cómo se le transmite esto a los estudiantes y profesores? ¿Cómo se pone en práctica?
Hay dificultades en los colegios que trabajan con proyectos. Los colegios siguen creyendo en esa idea de que los estudiantes asisten a clase y adquieren conocimiento porque un profesor se los transmite. Pero para los proyectos, usualmente, se trabaja en un periodo más largo de tiempo. Entonces es difícil incluir esta visión en un colegio con un sistema educativo tradicional.
¿Qué significa trabajar en proyectos?
Lo que sucedía es que en Dinamarca los alumnos estaban muy aburridos de sentarse en una silla y escuchar a los profesores. Los estudiantes aman salir del colegio, trabajar en aquellas cosas que realmente les interesan y dar sus opiniones. Las personas podemos, entonces, no desempeñarnos tan bien académicamente, por eso se trata de crear arenas de aprendizaje para que se pueda trabajar con otras metodologías. No tienen que hacerse todo el tiempo, basta con que se logren una vez al año. Lo clave es brindarles a los estudiantes otras experiencias.
¿Cómo llegó a esa conclusión?
Realizamos medidas de bienestar en Dinamarca y uno de los puntos más relevantes que arrojó la investigación es que los estudiantes están aburridos y eso los está matando. No es estrés, es aburrimiento. Los estudiantes se aburren en clase porque no les gusta sentarse, escuchar y ser pasivos. Es muy difícil para nosotros como seres humanos y no estamos hechos para eso.
¿Ese aburrimiento es global o está pasando en ciertos contextos?
Creo que es global y depende mucho de los exámenes y de las pruebas. Sabemos por Finlandia que los estudiantes a los que les va muy bien en las pruebas PISA, son los peores en términos de bienestar. Algunas de las explicaciones para esto apuntan a que están bajo mucha presión por el estrés de mostrar un buen rendimiento académico. En Finlandia, Singapur y China, entonces, no están aburridos, sino sufriendo de estrés psicológico por las altas expectativas que tienen sobre ellos. Pero en la mayoría de los colegios del mundo, creo que el aburrimiento es una gran parte del problema educativo.
¿Cree que ese aburrimiento se da también en profesores?
Los estudiantes están aburridos y los profesores estamos aburridos. La educación es interactiva, entonces cuando un profesor observa los comportamientos de sus alumnos, que se quejan o tienen caras largas, pues eso los afecta e impacta.
Parece que todo el tiempo estamos siendo medidos por pruebas de estado nacionales o exámenes internacionales. ¿Qué piensa de los ránquines?
Creo que le están causando daño a los sistemas educativos. En Dinamarca dijimos que los colegios no debían hacer públicos los ránquines. El problema es que si eres un padre de familia puedes buscarlo en internet. De repente, tienes números que ilustran qué tan bien lo están haciendo los colegios, y los números son muy fuertes en nosotros. Vemos los números y reaccionamos. Pero en resumen, no estoy a favor de hacer públicos los ránquines. Creo que esta información debe ser utilizada por personas en los ministerios o en los gobiernos.
¿Para quien y por qué los estudiantes deben ser evaluados?
Si es para aprender y aumentar la retroalimentación es muy poderoso. Hay sistemas educativos que están centrados en dar crédito a los logros del estudiante y a su desempeño. Las pruebas y exámenes pueden ser una herramienta para esto, pero no son una solución milagrosa. Los exámenes deben ser interpretados y hay que tomar acciones sobre la base de estos. Entonces obtener los números por sí solos de cómo ha sido el desempeño de un estudiante, no necesariamente conducen a ningún lado.
En Colombia siempre estamos volcados hacia las pruebas PISA y buscamos escalar en posiciones. ¿Son útiles estos escalafones?
La educación debe resolver problemas sociales. Hay un límite a esto. Se trata de construir un buen sistema educativo y trabajar con oportunidades más amplias. Estuve en Ecuador visitando a una estudiante mía y ella estaba trabajando en un programa muy interesante de escuelas rurales. Allí no estaban trabajando habilidades como ciencias, matemáticas o lenguaje. Su currículo estaba centrado en asuntos ecológicos, de salud y de derechos de la niñez porque en eso ecesitaban enfatizar.
¿Cuál es el principal problema de la educación en Dinamarca hoy en día?
En Dinamarca, sabemos que el 20% de los niños que van a escuelas primarias no tienen lo que quisiéramos que tuvieran. Algunos no pueden leer y escribir bien, y otros no pueden acceder a educación técnica y tecnológica o a tener algún empleo. Este es el mismo panorama de Europa. Por eso nuestras reformas educativas le apuntaron a solucionar esto desde los noventa, pero seguimos en esa crisis.
¿Cuál es el gran propósito con la educación hoy en día?
El punto con la educación es que estemos cualificados para ser ciudadanos. Y después, sabes sumar, leer, escribir. 
¿Y el gran reto?
Mirar cuál es la situación y las presiones en los sistemas educativos de hoy y unir las perspectivas  de los maestros, los políticos y los investigadores. De hecho hay muchos de estos investigadores que no creen en la OCDE y en que esas sean las soluciones idóneas. Es necesario abrir un diálogo y no culpar a los otros, sino trabajar juntos.
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Tomado  de
http://www.elespectador.com/noticias/educacion/los-estudiantes-y-profesores-sufrimos-de-aburrimiento-monica-carlsson-articulo-686979

martes, 24 de enero de 2017

Ellos por William Ospinba

Han tenido por 150 años el país en sus manos, y somos el cuarto país más desigual del planeta, después de Suráfrica, Haití y Honduras.
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15  de  octubre  de  2016
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Tuvimos agricultura: la eliminaron, y ahora hasta el maíz lo importamos. Tuvimos industria: la cerraron, y ahora Colombia tiene que importarlo todo. ¿Pero con qué compramos si no producimos?
Han aceptado de los poderes multinacionales la orden de reducir nuestra actividad a la economía extractiva, como en el siglo XVI; ahora, cuando ya las riquezas guardadas en la tierra hay que extraerlas fracturando los montes, destruyendo los suelos y envenenando las aguas.
Ellos son los que deciden, son los que mandan, son los que supuestamente saben; ellos son los que odian, y día tras día nos dicen a quién hay que odiar para que ellos puedan ser eternos.
Hace setenta años utilizan la guerra para algo que no es mejorar el país. ¿Hoy qué pueden mostrar? Estamos sin agricultura, sin industria, sin trabajo, con una educación que no entiende lo que lee, con una salud de limosna, sin seguridad, sin futuro, en manos de una dirigencia que gasta todos los recursos en reelegirse, y que tiene el presupuesto lleno de venas rotas de corrupción por las que se va nuestra sangre.
En ambos bandos hoy enfrentados militan los viejos apellidos del poder: los Santos y los Lleras, los Holguín y los Caro, los Uribe y los Pastrana, los Mosquera y los López. Qué fácil les resulta hacer la guerra: para la guerra no necesitan plebiscitos, ni convocar acuerdos, ni diseñar presupuestos a pesar de ser tan costosa; pero qué difícil les resulta hacer la paz, ahí sí resultan llenos de titubeos y de escrúpulos constitucionales.
Para hacer la guerra nunca requieren filigranas jurídicas: para hacer la paz todo es un laberinto sin luces. La paz que salva vidas les despierta infinitos desacuerdos, la guerra que consume gente pobre la declaran con una facilidad asombrosa.
El 2 de octubre las mayorías se negaron a creerles a las ilusiones del Sí y a las confusiones del No. Santos pudo haber logrado una mayoría abrumadora: pero su desconfianza de la gente hizo que la comunidad nunca fuera convocada más que a ser testigo lejano y aplaudir los acuerdos. Pero la paz es de la gente y sólo puede construirse con la gente. Las ilusiones llenas de secretos se terminan en lágrimas.
En Colombia sólo un 20 por ciento está incluido, está formalizado. Leer los acuerdos de La Habana, que vuelven a formular como promesas un montón de cosas que ya están consagradas en la Constitución, sólo sirve para comprobar que lo que hay escrito en la Constitución no se cumple. Todos sabemos a qué grados de ineficiencia puede llegar aquí la protección de los derechos y la justicia. Pero en cambio hay que ver a los políticos atravesando incisos, oponiendo la máquina de una legalidad que siempre fue tramposa, cuando se trata de impedir que algo cambie.
Lo que en el fondo quieren impedir es que Colombia se sienta dueña de sí misma. Nunca se había visto una situación más incomprensible: la guerrilla quiere dejar de hacer la guerra, y los dueños del país no se ponen de acuerdo para aceptarlo.
Si queremos saber dónde están los responsables de la guerra, los que más se beneficiaron de ella, basta ver quiénes son los que hoy forcejean por imponerse en los acuerdos, porque todos manejan una agenda secreta, un libreto que no puede decirse.
Colombia tiene la mitad de su territorio en el segundo día de la creación. Lo que se está decidiendo es si esas riquezas serán manejadas por la vieja casta centralista o por la nueva casta facciosa, para deleite de las multinacionales frente a las cuales ellos no tienen ningún desacuerdo. Ambas saben besar al poder mundial en la boca, pero les cuesta unirse, a no ser que nos vean unidos. Quizá en ese momento se darán un abrazo instintivo.
Hace 68 años murió Jorge Eliécer Gaitán. Fue la última vez que el pueblo colombiano tuvo una esperanza. Con estas largas guerras han logrado tres cosas: que tuviéramos miedo de tener esperanzas, que aprendiéramos a odiarnos y a recelar los unos de los otros, y que ya no nos creyéramos capaces de reemplazarlos, para construir de verdad la grandeza de este país. Sin la tutela de las castas guerreras, del santanderismo leguleyo, del fanatismo que no ve la religión como un ejemplo de moral para la convivencia sino como una escuela de intolerancia.
La historia nos está enviando un mensaje: “Olvídense de Santos y de Uribe, olvídense de esa clase política que en tantas décadas no ha sido capaz de arreglar el país, que al contrario ha abusado de su confianza y de su esperanza, esa clase política que ahora forcejea, cuando podríamos estar a las puertas de la reconciliación, mirándose con odio, contagiando ese odio, preocupada sólo por saber quién se va a quedar con el tesoro”.
¿Seguiremos sentados y cruzados de brazos esperando el país que van a diseñar para nosotros? ¿Suplicando la paz que sólo los que no hemos hecho la guerra podemos hacer? ¿Por qué no nos atrevemos a ser algo por nosotros mismos: la voz de un pueblo alegre, pacífico, laborioso, creador, cansado de guerras, de exclusión y de corrupción? Ese pueblo que nunca decidió, pero que siempre supo hacer músicas y relatos, carnavales, recetas, proezas del deporte sin ayuda de nadie, conocimiento de la selva y del río, esas gentes pobres que a golpe de necesidad fueron las que abrieron este país al mundo.
Rompamos los barrotes del miedo. Que comience la fiesta de la democracia. Que dictemos por fin una ley que se cumpla, una ley que sea válida para todos y que no caiga con su peso sólo sobre los débiles y los humildes. Porque ya es hora de decir que no se trata sólo de que el ciudadano respete la ley, sino sobre todo de que la ley respete al ciudadano.
No más impuestos para la corrupción: un orden social verdadero para la paz, para la convivencia, para el abrazo de la sociedad, para el diálogo creador con un mundo en peligro.
La paz no se hace para los políticos y para la guerrilla: se hace para el país.
Seamos más que ellos. Hagámoslo nosotros.
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Tomado de;http://www.elespectador.com/opinion/elloslos

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