miércoles, 17 de marzo de 2021

El dictador Por: Cristina de la Torre EL ESPECTADOR


 Que la ultraderecha de este país justifique tanto cadáver, mal menor si de la patria se trata, sugiere preguntas que pueden ofender su prestada dignidad: ¿se está guisando en Colombia un autoritarismo, estadio débil de la dictadura, o habrá quien apunte aun a su extremo de régimen de fuerza declarado? ¿Qué dice la desafiante naturalidad que la Seguridad Democrática adopta frente al bombardeo de niños-“máquina de guerra”; frente al asesinato a bala de 13 manifestantes por la Policía en Bogotá; frente al exterminio de líderes sociales; frente a los 6.402 falsos positivos que ninguna dictadura registra en su haber? ¿Se sumará Colombia a la nueva ola reformista que en América Latina suplanta al modelo de Cuba y Venezuela, o caerá en satrapías como las de Ortega y Bolsonaro? Versión a la mano del dictador renacido que bañó en sangre al subcontinente. Dómine coronado de bayonetas, concentra en su persona y su camarilla el poder absoluto, para mandar sin control, sin ley, sin límite de tiempo y con puño de hierro sobre un pueblo aborregado en el miedo, despojado de su humanidad.

ADN del dictador es el personalismo político, recuerda Blas Zubiría Mutis, como expresión de una voluntad de dominio en bruto, sin arbitrio distinto del propio, que florece en la debilidad de las instituciones. O en su manipulación, se diría, cuando el golpe quiere ahorrarse el espectáculo de tanques y bombas; como se estila hoy, desde el pedestal de la voluntad general vuelta ficción. No suscriben ya los dictadores la idea desnuda del gendarme necesario que Vallenilla Lanz propuso. Pero todos pertenecen a la estirpe del tirano rodeado de aduladores fermentados en el miedo, acomplejados hasta el ridículo, arribistas hasta el deshonor.

De caudillos y dictadores está empedrada la historia latinoamericana. Hacendado o valentón en las guerras civiles del siglo XIX o, después, el que responde lo mismo a costumbres y valores de parroquia, premodernos, que a las prácticas más agresivas del liberalismo económico. Trocado en dictador, ocupa el viejo caudillo el vértice de la moderna pirámide clientelista. Conectó él la modernidad política con el mundo rural de provincia, todavía dominado por jerarquías tradicionales y relaciones de dependencia personal que el dictador trueca en mecanismo de manipulación de masas. El más reciente tipo de dictador es el adiestrado en guerra contrainsurgente, que tuerce la ley a su antojo, se rodea de paramilitares y potentados y pasa por patriota modernizador.

Ningún cincel tan afilado como la literatura para penetrar en el carácter moral del dictador. Para entresacar el esqueleto que da estructura al símbolo del tirano en sus muchas variantes y colores. Ya marioneta, ya bufón, ya el esperpento de Valle-Inclán, cuyo Tirano Banderas fue la novela madre de cuantas se escribieron en Hispanoamérica sobre el dictador. No le ahorra puñaladas a su pluma el español, para pintarlo como calavera con antiparras negras y corbatín de clérigo, o como el negro garabato de un lechuzo. Es éste el dictador de pistola y fusta, tirano ilustrado y austero de largas astucias que encubren una crueldad esencial. “Ante aquel temor tenebroso, invisible y en vela –escribe- la plebe cobriza revivía en terror teológico una fatalidad religiosa poblada de espantos”. Y al final, en la hora de la derrota, “para que no te gocen los enemigos de tu padre, sacó del pecho un puñal, tomó a la hija de los cabellos y cerró los ojos… la cosió con quince puñaladas”.

La prolija gama de los regímenes de fuerza y el contexto que los rodea no aconsejan analogías mecánicas. Pero entre una dictadura que asesina a 10.000 haitianos y una democracia que ejecuta 6.402 falsos positivos se crea un lazo de parentesco político difícil de ocultar. Sabrán los colombianos qué nombre dar al régimen que su extrema derecha cultiva.

15 mar. 2021 - 10:00 p. m. EL ESPECTADOR
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lunes, 15 de marzo de 2021

Cómo hace 1.700 años nacieron los domingos como los conocemos Redacción BBC News Mundo

 

Fue el emperador Constantino el Grande quien dio el primer paso oficial para que los domingos se convirtieran en lo que son.


Hace 1.700 los domingos empezaron a ser lo que hoy son en la mayoría de los países del mundo: un día de descanso.

Ese es uno de esos datos que, si te dejas llevar por la curiosidad, te conducen a enterarte de muchas otras cuestiones interesantes.

Empecemos siendo exactos: todo empezó el 7 de marzo de 321, es decir, hace un milenio, siete siglos y una semana.

Una semana que ya para ese entonces se componía de siete días. ¿Por qué precisamente siete, no seis, ocho o incluso 10, como las de los antiguos egipcios o las del calendario republicano francés que se empleó entre 1792 y 1806?

Pues, aunque es una constante en casi todas las culturas, no hay ninguna razón buena que lo justifique; de hecho, varios pensadores a lo largo de la historia han desafiado esa convención con argumentos filosóficos, matemáticos y políticos, pero la semana de siete días persiste.

Se piensa que fue concebida hace 4.000 años, cuando los mesopotamios resolvieron el problema de dividir el mes en períodos más cortos.

Su duración estaba ligada a la rotación de la Luna alrededor de la Tierra, 29,5 días, así que sencillamente redondearon ese número a 28 y lo dividieron en cuatro períodos de siete días.

Con eso establecieron un ritmo matemático artificial que hacía más manejable la organización de la vida cotidiana: si necesitabas, por ejemplo, que los vendedores acudieran al mercado ocho veces al mes, podías fijar días precisos que se repetirían independientemente de las imprecisiones de la naturaleza.

La idea se extendió particularmente después de que la cultura babilónica se convirtió en la dominante alrededor del siglo VI a.C.

¿Por qué el martes después del lunes?

Siglos después, los romanos nombraron los días en honor a sus dioses y los organizaron de acuerdo con un elaborado sistema de horas planetarias según el cual cada hora del día estaba gobernada por una deidad.

La que gobernaba la primera hora de un día le daba su nombre. Suena enredado pero el resultado te será sumamente familiar:

  • Dies Solaris / día del Sol;
  • Dies lunae / día de la Luna;
  • Dies Martis / día de Marte;
  • Dies Mercurii / día de Mercurio;
  • Dies Jovis / día de Júpiter;
  • Dies Veneris / día de Venus;
  • Dies Saturni / día de Saturno.
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    Los dioses de los siete días de la semana, mosaico en la Casa del Planetario, 117-138, Itálica, Santiponce, Andalucía, España. Civilización romana, siglo II.

En la mayoría de los idiomas basados ​​en el latín, los nombres de los días de la semana aún revelan esta conexión con los planetas clásicos: lunes, martes, miércoles, jueves, viernes... ¿sábado y domingo? No.

Aunque "sábado" empieza como Saturno, viene de la palabra hebrea sabbat o reposo.

"Domingo" también tiene raíces religiosas, sólo que con un culto relativamente más reciente.

Un descanso

Además de la semana con todos sus días nombrados y organizados, el brillante concepto del "día de descanso" también había existido durante milenios,  y los primeros en adoptar la estructura de la semana de siete días con uno de descanso probablemente fueron los judíos.

Sólo que ese día era el sábado.

Pero ese 7 de marzo de 321, el emperador romano Constantino el Grande emitió un edicto declarando que el domingo tenía que ser el día de descanso:

En el venerable día del Sol que lo magistrados y las personas que residan en las ciudades descansen, y que todos los talleres cierren.

En el campo, sin embargo, que la gente que se ocupa de la agricultura pueda libre y legalmente continuar con sus tareas porque a menudo sucede que otro día no es adecuado para la siembra del grano o la plantación de viñas; no sea que por descuidar el momento propicio para tales operaciones la liberalidad del cielo se pierda.

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Sol Invictus ("Sol no conquistado") era el dios sol oficial de Imperio Romano tardío y patrón de los soldados. El 25 de diciembre de 274 d.C., el emperador romano Aureliano la convirtió en religión oficial junto con los cultos romanos tradicionales.

.Como todos los políticos exitosos, Constantino era un maestro de la ambigüedad, y su edicto mantenía un delicado equilibrio entre los princípios religiosos y el pragmatismo económico.

Si bien hoy se le recuerda como el primer emperador cristiano, estaba también asociado con el culto del Sol Invicto, que aparecía hasta en sus monedas.

Elegir el domingo como día de descanso tenía mucho sentido políticamente.

Aunque nominalmente era un día de trabajo, ya había cristianos en todo el imperio que dedicaban el domingo al culto religioso, aunque los que vivían en Roma o Alejandría tendían a preferir el sábado, el sabbat judío.

Más importante aún era que la mayoría de no cristianos consideraban el domingo como un día especial pues era usualmente el día de pago.

Y quizás también crucial era que se trataba del día especial del Sol Invicto, un culto oficial en el Imperio desde 274 que era particularmente atractivo para las clases altas senatoriales.

De hecho, Constantino mismo, aunque promovió activamente la Iglesia cristiana, durante toda su vida reconoció a Sol Invictus como un dios.

Sólo fue bautizado en la fe cristiana en su lecho de muerte y hasta el día de hoy continúa el debate sobre si fue un verdadero converso o se aprovechó de la Iglesia como una fuerza unificadora.

No todos los cristianos recibieron con beneplácito el edicto de Constantino y siglos después todavía había grupos que preferían el sábado.

Tanto así que en el Sínodo de Laodicea, que tuvo lugar alrededor de 363-364 d.C., incluye un canon —el 29— que declara que "los cristianos no debían judaizarse descansando en el sábado, sino trabajar en ese día, en lugar de honrarlo como día del Señor; y, si pueden entonces, descansar como cristianos".

Aquellos que afirmaran seguir a Cristo y no obedecieran serían considerados "anatema", es decir, que serían maldecidos, excluidos y rechazados como miembros de la comunidad.

Con el cambio de celebración de sábado a domingo se adoptó un nuevo término, "el día del Señor" o Dies Dominicus, de ahí la palabra "domingo".

Tomado de;

Cómo hace 1.700 años nacieron los domingos como los conocemos - BBC News Mundo